Publicaciones de la categoría: Política Nacional 2014

Los cinco partidos de la realidad venezolana, Fernando Mires

345 Los 5 partidos de la realidad venezolana Por Fernando Mires, 17/04/2014

Cuando hablamos de partidos políticos hay dos posibilidades. O nos referimos a las organizaciones nominales, por muy insignificantes que sean, o a las “partes” en las cuales se encuentra dividido el espectro político. No siempre, ni siquiera en las democracias avanzadas, lo uno coincide con lo otro.

En los EE UU por ejemplo, hay demócratas más conservadores que los republicanos; y viceversa. En Alemania hay socialcristianos más sociales que los socialistas; y así sucesivamente. Hay países en que las partes son más que los partidos y otros en los cuales los partidos son más que las partes. En el caso de Venezuela las partes son evidentemente menos que los partidos inscritos. ¿Cuántos partidos-partes hay en Venezuela? Ese es el tema que tratará de dilucidar este texto.

En Venezuela hay aparentemente solo dos partidos-partes: El chavismo y el antichavismo. Partiendo de esa premisa casi todos los comentaristas nos hablan de una sociedad altamente polarizada. Pero, como suele suceder, las apariencias engañan. La verdad es otra: en Venezuela no hay ninguna organización o persona que durante un periodo no electoral esté en condiciones de representar a esas dos supuestas partes. La razón es obvia pero no visible: en ese país hay dos frentes, pero hay más de dos partes políticas.

Alguna vez habrá que llegar a la conclusión de que la política de Venezuela no sólo está dividida, lo que es normal, sino, además, fragmentada, lo que es aún más normal

Los dos partidos “chavistas”

Las partes chavistas aparecen bajo la luz pública más unidas que las no chavistas, lo que no debe extrañar: Están ligadas por un destino común, a saber, el gobierno que comparten. No obstante, las diferencias entre esas partes son cada vez más visibles pues tienen  que ver con la propia composición orgánica del chavismo.

El chavismo, hay que comenzar diciendo, nunca fue un todo unitario. Por el contrario, siempre ha sido una hidra de por lo menos dos cabezas representadas en dos partidos-partes a las que llamaremos de modo provisorio la parte militarista tradicional y la parte ideológica- castrista. Sobra decir que cada una de esas partes supone ser depositaria de “el verdadero chavismo”.

Ambos partidos-partes son, por cierto, militaristas. Pero se trata de dos militarismos diferentes: el primero corresponde con ese militarismo latinoamericano formado en el siglo XX (cuartelero, golpista). El segundo es el militarismo de tipo castrista de acuerdo al cual el Ejército se encuentra controlado por una clase (nomenklatura) burocrática e ideológica representada por un partido-Estado, tal como sucede en Cuba y Corea del Norte. O dicho así: una parte supone que el Estado debe estar sometido al Ejército y la otra, que el Ejército debe estar sometido al Estado, siempre y cuando, por supuesto, ese sea el Estado chavista. Y bien, por decisión de Chávez tomada “casualmente” en la Habana poco antes de irse de este mundo, la parte-castrista se hizo del poder representativo a través de Maduro.

Desde el punto de vista constitucional a quien correspondía ejercer transitoriamente las funciones de mandatario era al presidente de la Asamblea Nacional, el militarista-tradicional (y ex-golpista) Diosdado Cabello. Pero, como suele suceder, los chavistas se pasaron la constitución por el “paltó” (Chávez dixit). La decisión de Chávez era para ellos sagrada y por lo mismo situada por sobre la Constitución y las Leyes.

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Viacrucis con esperanza, Luis Ugalde

339 Luis Ugalde

Por Luis Ugalde, 17/04/2014

En toda la historia venezolana no hay un documento episcopal con tanta visión socio-política y coraje evangélico como el del 2 de abril titulado “Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela”. El hecho de que algún clérigo fanatizado y servil al poder político lo haya atacado tan insensatamente no hace sino confirmar que los obispos expresan la pasión de decenas de millones de venezolanos.

El vía crucis está garantizado –queramos o no– por el desastre actual del que no saldremos sin asumir decididamente la cruz y la esperanza. No hay eufemismos, ni modales diplomáticos que puedan ocultar o suavizar nuestra tragedia nacional; ni agua bendita, ni yerbas milagrosas que curen al enfermo, sino que es urgente una operación quirúrgica de alto riesgo y necesidad. Ya el clamor (el de la calle y el silencioso y oculto) no solo es nacional, sino internacional. Gran parte de la conducción política opositora se muestra dispuesta a sentarse, pero exige la libertad primordial de estudiantes y una agenda para el logro de una ley de amnistía política para presos y exiliados, una verdadera (no disfraz carnavalesco) comisión de la verdad sobre los crímenes cometidos en estos dos meses de protestas, un restablecimiento de la Constitución en los poderes públicos (por ejemplo un CNE con cinco árbitros que no sean partidistas sometidos al Ejecutivo) y el desarme con verificación internacional de las bandas armadasparapoliciales. ¿No parece imposible que el gobierno acceda? Por supuesto, pero la historia avanza con la conquista de imposibles.

La mayoría de la población, quiere que la Santa Sede y algunos países latinoamericanos ayuden a que las partes se sientan a negociar, escuchando el clamor de la gente que sufre la inseguridad violenta, el desabastecimiento creciente, la inflación salteadora de los salarios, la falta de inversiones, de empresas y de trabajo digno, y la violación desde el poder de la Constitución y de los derechos humanos con prácticas violentas dictatoriales. Razón tienen los obispos al decir que el “Plan de la Patria” (modelado por el fracaso cubano con medio siglo de totalitarismo), que el partido-Estado trata de imponer, no es la solución sino “causa fundamental de la actual crisis”. Volvamos a la Constitución (n.2 y 3).

Esto y no menos es lo que hay en la protesta estudiantil y es exigencia básica de la MUD para sentarse a negociar soluciones. Los protestantes saben que por el actual camino no hay futuro, ni para ellos ni para el país; tampoco en la vuelta al pasado ni en la continuidad actual. Hay que reconstruir desde los cimientos la democracia, con reconocimientos de unos y otros y una economía con política social que vaya a la raíz de la pobreza, no para disfrazarla con palabras y dádivas, sino para cambiarla.

Este Vía crucis es doloroso y está lleno de atropellos, asesinatos, presos y exiliados, pero hay que asumirlo y recorrerlo, cuidando que las pasiones no se desborden hasta la locura de pedir a Pilato contra el justo Jesús: ¡Crucifícalo, crucifícalo! Queremos que sueltes al criminal Barrabás. El primer instinto es crucificar al otro, mientras nosotros en nada debemos ceder, ni cambiar; lo que inevitablemente condena al inocente y bloquea toda forma de negociación y acuerdo, imprescindibles para construir juntos las salidas inclusivas de todo el país. Por el contrario, los obispos dicen que, más allá de la rabia, hay que poner Espíritu y racionalidad:

-“El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza” (n.8).

-Llaman a todos al diálogo para “poner todo su esfuerzo por construir nuevas relaciones basadas en el mutuo reconocimiento y la reconciliación” (9).

-Es necesario “responsabilizarnos del destino del país, no permanecer indiferentes, sino más bien involucrarnos en la defensa de la vida, de los derechos humanos, de la libertad y de la democracia” (10). Sin justicia no habrá paz y si no asumimos la responsabilidad de la República en las instituciones y en la calle, no habrá futuro democrático para Venezuela (n. 10).

-Nos llaman a los católicos “a ofrecer a Dios el ayuno del próximo Viernes Santo en solidaridad con todas las familias que lloran a sus seres queridos, pidiendo para ellas consuelo, esperanza y fortaleza espiritual” (n. 12).

¿A qué ayuno se refieren? Al que exigen los profetas de Israel cuando denuncian la religiosidad vacía de prójimo. El profeta Isaías rechaza en nombre de Dios los ayunos externos, inciensos, y sacrificios rituales si son para barnizar conductas inicuas. “El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no despreocuparte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como aurora… Entonces llamarás al Señor y te responderá” (Is.58, 5-9).

Dialogo, lucha y convivencia en los barrios…!, @ChuoTorrealba

340 Blog 13-4-2014 foto 3 Por Chuo Torrealba, 13/04/2014

Al final de la primera sesión del proceso de diálogo iniciado entre el gobierno y la Alternativa Democrática uno de los voceros oficialistas hizo algunas preguntas, en plan amenazante: “¿Que pasaría aquí si nosotros llamáramos a los cerros de Petare, Catia, Antímano a que bajen? ¿Qué ocurriría…?”

PREGUNTAS RETÓRICAS, RESPUESTAS CONCRETAS…

A esa pregunta retórica tenemos una respuesta concreta: NADA.No pasaría nada, como nada ha ocurrido en estos dos meses de protesta estudiantil y ciudadana, en los que el madurismo (incapaz de movilizar en su defensa a la base popular chavista, que no se siente expresada en ese lamentable relevo) ha intentado sustituir el perdido apoyo popular obligando a marchar a los empleados públicos y haciendo uso y abuso de la represión, ejercida tanto por la Guardia Nacional y la Policía Nacional como por grupos irregulares de civiles armados, de naturaleza paramilitar o parapolicial, mal llamados “colectivos”. Esa es la verdad: el pueblo chavista, al igual que el pueblo opositor, está demasiado ocupado intentando sobrevivir en las severas condiciones que el madurismo le ha impuesto a los venezolanos. Rezando para que el hampa no lo asesine o haciendo largas y humillantes colas para comprar los desaparecidos productos de la canasta básica, los chavistas del barrio ahora descubren que tienen que cuidarse no sólo de la inseguridad y de la escasez, sino también de un tercer enemigo, igualmente peligroso y violento: la represión madurista.

En efecto, el caso de Massiel Pacheco (una mujer humilde, de apenas 21 años, militante del PSUV como toda su familia y como buena parte de sus vecinos, habitante del barrio Villa Zoyla en la muy popular zona de la Cota 905, Caracas) lo hace evidente. Vendedora de arepas y empanadas frente a la entrada principal del Parque del Este, Massiel encontró cerca de su lugar de trabajo un bolso abandonado lleno de objetos metálicos. Hace la denuncia ante la Milicia Bolivariana y la Guardia Nacional, cuerpos que resguardan las instalaciones del mencionado parque, y lo que logra es que se la lleven presa y la acusen nada más y nada menos que de terrorismo. Al momento en que usted lee estas líneas, esta mujer del pueblo –madre de un niño de un año de edad, al que aún amamanta- se encuentra recluida junto con presas comunes en el INOF, acusada de un crimen rocambolesco y enfrentando la posibilidad de que la “justicia” madurista la condene a una pena más larga que el tiempo que ella tiene de vida. En estas condiciones sería interesante, por cierto, que algún vocero oficialista se acercara a la Cota 905 y llamara a que “bajen los cerros”. Seguro bajarían…

LOS BARRIOS BAJARON EN LUCHA DESDE HACE TIEMPO

Porque ganas, por cierto, no han faltado: No ha hecho falta que ningún burócrata gobiernero llame a que los cerros de Antímano, Catia o Petare bajen. De hecho, muchos barrios de estas parroquias “han bajado” numerosas veces. En Antímano nuestros hermanos del Barrio La Pedrera (tanto los que aún se encuentran en zonas de riesgo como los que languidecen en refugios) bajaron a dialogar con el gobierno, cuando este fue por Antimano a hacer campaña electoral, y no fueron atendidos. Bajaron entonces luego en consecuencia a protestar en la autopista Francisco Fajardo, y fueron reprimidos; En Catia los habitantes de Nueva Tacagua y Nuevo Horizonte bajaron a protestar porque las demoliciones de viejas estructuras agravaban la inestabilidad de los terrenos de esas barriadas ya en riesgo, y tampoco fueron escuchados. En Petare, los habitantes de los barrios Píritu, La Alcabala y La Parrilla, entre otros, bajaron a la autopista a protestar porque Hidrocapital los tiene sin agua desde hace dos meses, y la única solidaridad que recibieron fue la de sus vecinos de clase media de la urbanización Terrazas del Ávila. En todos esos episodios, en Catia, Antímano y Petare, se movilizaron juntos vecinos chavistas, opositores, independientes, activados todos contra un adversario común: la prepotente sordera de un gobierno ineficiente y corrupto, bueno para dar excusas y para reprimir, pero muy malo para construir soluciones.

340 Blog 13-4-2014 la pedrera foto 4

DIALOGO EN EL BARRIO

Es por todo esto que -para quienes vivimos y luchamos en los barrios de Venezuela- el tema del diálogo tiene una lectura y un significado distinto al que se le pueda dar en otros sectores sociales. Para nosotros el diálogo entre vecinos es la base de la convivencia, y esta a su vez es un requisito para la sobrevivencia misma. Por eso no dudamos en calificar como positivo el proceso de diálogo político iniciado en nuestro país, asumiendo que “diálogo” no significa paralización de la lucha social sino la creación de un escenario más para que esa lucha se produzca, un escenario en el que –por la presencia de veedores internacionales- las razones y argumentos no puedan ser sustituidos por los perdigones de la Guardia o las balas de los paramilitares.Deseamos sinceramente que ese proceso de diálogo tenga éxito, y por eso instamos a la dirigencia opositora a que persista en la agenda social y económica, que es la que es capaz de convocar a los sectores populares, y en el uso de las acciones pacíficas y contundentes como formas de lucha, porque son inclusivas. Y a la dirigencia oficialista la exhortamos a retomar el contacto con sus propias bases, con los chavistas del barrio, para que dejen de depender exclusivamente del dinero y de los grupos violentos.

MESAS DE CONVIVENCIA, DIALOGO EN ACCION…

El diálogo es positivo, y debe aterrizar en el barrio, pues aquí vive el 54% del país. Para eso proponemos la creación de “Mesas de Convivencia” en cada barrio, en las que los vecinos de todas las tendencias políticas y los independientes se puedan reunir para trabajar juntos para mejorar las condiciones de vida. Mesas de Convivencia que evalúen la verdad de las Misiones en el barrio, para preservar lo bueno que se tenga, mejorar lo malo que se encuentre y luchar para conquistar aquello que solo aparece en la propaganda pero no en la vida real. Una Mesa de Convivencia en el barrio para evaluar unidos la crisis de los servicios. Una Mesa de Convivencia para hacer propuestas que adecuen el llamado “Patrullaje Inteligente” a las condiciones específicas de nuestras comunidades. Mesas de Convivencia que hagan propuestas para mejorar realmente el abastecimiento de alimentos en el barrio. Mesas de Convivencia donde el vecino que esté en un Consejo Comunal, o en la Asociación de Vecinos, o en la Asamblea de Ciudadanos, o que no esté en ninguna instancia, pueda participar con la certeza de que no será discriminado.

Si Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza pueden estar juntos en una Comisión de la Verdad sobre economía, si Diosdado Cabello y Ramón Guillermo Aveledo pueden compartir espacios en una mesa de diálogo político,no hay ninguna razón para que los vecinos chavistas, opositores e independientes no podamos instalar en cada barrio una Mesa de Convivencia, que una a todos en la lucha por la calidad de vida.Esa es una forma concreta de diálogo en el barrio, diálogo no para confrontar sino para compartir esfuerzos y construir ciudadanía, para luchar más y mejor, unidos y organizados, por la vida que merecemos.

Palante, con diálogo y calle, calle con pueblo, no solo con escombros y lacrimógenas! Calle con protesta pacífica, de la que suma, dela que incorpora e incluye! Calle para ganar!

http://radardelosbarrios-fuerzavenezuela.blogspot.com/2014/04/dialogo-lucha-y-convivencia-en-los.html

El laberinto del diálogo, Vladimiro Mujica

 200 Vladimiro MujicaPor Vladimiro Mujica, 17/04/2014

Después de 15 años de construcción deliberada de la polarización, el encuentro de la semana pasada en MIraflores podría ser visto ingenuamente como un paso en la dirección de la reunificación del país rojo con el país azul. Nada más alejado de la verdad. El encuentro era necesario para cada bando por distintas razones. Para el régimen porque el costo político nacional e internacional de la represión y las violaciones a los derechos humanos se le estaba haciendo insostenible; para la oposición porque es necesario aprovechar cualquier espacio para denunciar la situación venezolana sin que ello implique desactivar la protesta popular. Pero ese diálogo no va a conducir a la ansiada reconciliación por una razón muy simple: la oligarquía chavista entiende con claridad que la reconciliación significa la derrota última de la revolución porque su avance la obligaría en definitiva a retornar al cauce democrático, de respeto a las instituciones, de separación de poderes y de abandono de la hegemonía comunicacional, algo que no puede aceptar so pena de abjurar de toda la maquinaria de control social que ha intentado imponer durante esta interminable década y media. Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada. Una posición irreductible abiertamente en contraposición con la Constitución Nacional y que fue reiterada, de mala o peor manera, en todas las intervenciones del procerato del régimen.

Para entrar con algunas precisiones, es indudable que la calidad argumentativa y discursiva de la representación de la MUD fue superior a la del chavismo. Sin embargo, es también necesario reconocer que el gobierno no salió tan mal parado como pudiera pensarse, por la simple razón de que Maduro y el resto de sus acompañantes solamente le estaban hablando a la mitad del país a la que se deben, especialmente a los sectores más radicales del chavismo, y a su audiencia internacional. De hecho, Maduro hizo un esfuerzo supremo en hablar como un estadista al final e invocar la bendición de Dios para todos. Un hecho más dirigido a los cancilleres visitantes y al representante de la Iglesia que a los venezolanos que están sufriendo la durísima represión de su gobierno. De hecho, habrá que acostumbrarse a estos espectáculos del sainete político y entender dos cosas: una, que el espacio de diálogo, debate o como se le quiera llamar no es una concesión graciosa del gobierno, sino el resultado de la presión política impuesta por la protesta popular; dos, que en verdad la reconciliación del país es imposible a menos que se derrote políticamente al chavismo, es decir, a menos que se construya una nueva mayoría cuyo avance sea imparable, inclusive recurriendo a la represión.

La construcción de la nueva mayoría pasa por muchas cosas y uno de los elementos esenciales es el discurso. La palabra juega un rol esencial en la política, probablemente mucho más que en ninguna otra actividad humana. Buena parte de lo que se denomina carisma está relacionado con la facilidad de construir un discurso que la gente comprenda. Aún habiendo vapuleado a los representantes del régimen en la cadena de la madrugada del viernes pasado, creo que la dirigencia opositora presentó una visión fragmentada de la Venezuela posible, sin integrarla en un todo que pueda intentar atraer al país rojo. Por supuesto que una parte de esto fue claramente por diseño, para dividirse los temas entre las distintas intervenciones, pero hay algo más.

En algún momento habrá que hacer un esfuerzo importante por incorporar a nuestro discurso el desmontar. argumento por argumento, la trama chavista. No basta con señalar que el modelo revolucionario es un desastre y que el país y su institucionalidad democrática están hechos añicos. A ello responden los miembros de la oligarquía chavista con incomparable cinismo que se trata de la contraposición de dos modelos y que el de ellos satisface a los pobres y a las grandes mayorías del país. Atacar esta estructura de pensamiento no es trivial y pasa por admitir que si bien la democracia que se instauró a la caída de Pérez Jiménez fue responsable de algunos de nuestros mayores aciertos como sociedad, es también cierto que nunca resolvió el problema de la exclusión social. Ello determinó el crecimiento de dos países que durante mucho tiempo pudieron co-existir, fundamentalmente porque un sistema funcional de partidos políticos permitía procesar la disparidad social. Cuando el sistema de partidos colapsó, se abrió la puerta para que un aventurero magistral, ayudado por quienes después serían devorados por la revolución, irrumpiera y se apoderara de una nación dispuesta a entregársele, harta de la corrupción y lanzada en manos de la anti-política por una habilidosa campaña comunicacional.

Es indispensable pues reconocer nuestra responsabilidad como sociedad en abrirle la puerta al gran aventurero para que tengamos la autoridad moral y política para decir que Chávez recibió la esperanza de una nación y la defraudó. Eso y que las fuerzas de la alternativa democrática están dispuestas a hacer suyas las promesas incumplidas de la revolución, que son las que crean la atadura efectiva de buena parte de nuestro pueblo con quienes en la práctica lo han traicionado. Sólo cuando la dirigencia opositora sea capaz de articular este discurso, de manera coherente y sin prisas, comenzaremos a hablarle con una sola voz al país rojo que se resiste a escucharnos.

 

El reto hoy: construir a través de la palabra, @LissetteCGA

330 Imagen diálogo

Por Lissette González, 13/04/2014

Han pasado dos meses desde el 12 de febrero, cuando la cotidianidad de buena parte del país se convirtió en otra cosa. A nuestros problemas, se ha sumado ahora la violencia política; la represión desproporcionada e indiscriminada, el enfrentamiento entre partidarios de las distintas opciones políticas, urbanizaciones incomunicadas, desconfianza e intolerancia, incluso entre quienes defienden una misma posición.

Mientras este panorama de crispación es permanente en las zonas en donde protestas y represión son el pan de cada día, en las barriadas populares la vida transcurre con pocos cambios: las protestas son, en el mejor de los casos, un rumor lejano, ajeno. Hay otras preocupaciones más apremiantes como lograr que la platica rinda o dónde conseguir leche, harina o aceite.

Cuando se habla de polarización se piensa en primer lugar en la división entre partidarios del chavismo y de la oposición. Pero la brecha entre los ciudadanos no es solo un tema de preferencia política: la forma de entender los problemas que enfrentamos todos, a quién atribuimos la responsabilidad y, sobre todo, cómo pensamos que pueden resolverse. Las encuestas más recientes muestran que ha crecido la atribución de responsabilidad al gobierno y, especialmente, al presidente Nicolás Maduro sobre los problemas económicos que atravesamos, pero ello no se traduce en apoyo automático a la oposición.

Precisamente debido a esto, en estas semanas no todo han sido concentraciones, marchas y guarimbas. Los estudiantes se han abocado también a informar sobre las dificultades que atravesamos mediante volanteos y pancartazos. Pero transmitir el mensaje no es sencillo. Cuando tuve la oportunidad de presenciar la reacción frente a los volantes en la línea 2 del Metro de Caracas, encontré con sorpresa la renuencia de muchos pasajeros a recibirlos, o quienes los recibían diciendo al de al lado “estos son los violentos”. Pero estas mismas personas seguían en el trayecto quejándose por la escasez y la inflación, criticando con dureza los resultados de la gestión del gobierno. Hay tanto en común, pero parece tanta la distancia.

Luego del terrible saldo de muertos, heridos y detenidos que arrojan las últimas semanas, con la segunda visita de los cancilleres de UNASUR se ha abierto la posibilidad de un diálogo. Iniciativa que es vista con recelo por los radicales de ambos bandos que creen posible un desenlace en que el adversario es derrotado y desaparece del juego. Pero a la luz de los acontecimientos recientes, tal escenario luce improbable: ni el gobierno ha tenido capacidad para doblegar a la población que le adversa, ni la oposición, aun en el caso de ser gobierno, podría ignorar a la base del chavismo. Estamos condenados a convivir y, por tanto, a construir lo público a través del diálogo entre personas diversas en sus intereses, historias y posiciones. Es decir, nuestra única salida pasa por el mundo que podemos construir para todos a partir de la palabra: la política.

@LissetteCGA

http://conjeturasparallevar.blogspot.com

Transición o anarquía, Eddie Ramirez

335 Protestas-En-Venezuela-2014

Por Eddie Ramírez, 15/04/2014

Gobierno y oposición están entrampados. Aunque el régimen y parte de la oposición piensen que tienen suficientes fortalezas para salir sin la ayuda del otro, esto no parece viable. Desde el 12 de febrero Maduro pierde aceleradamente la popularidad heredada y su imagen internacional está deteriorada. Sin embargo, todavía cuenta con las poderosas herramientas del poder. Por su parte la oposición no se ha doblegado pero no acuerda una estrategia común. Los valientes estudiantes alborotaron el cotarro y lograron apoyo de gran parte de los ciudadanos de a pie. La percepción es que el gobierno todavía tiene oxígeno, aunque se le está agotando, y que la oposición ha adquirido más fuerza, pero quizá no la suficiente para imponer un cambio drástico, salvo el imponderable de un cisne negro o verde oliva.

El gobierno tiene la fortaleza de contar con los sumisos Poderes del Estado y, aparentemente, con apoyo de la Fuerza Armada. Esto último puede ser controversial, pero hay que considerar que el Alto Mando le es incondicional, las nuevas promocioneshan estado sometidas a un constante bombardeo ideológico, los anteriormente sargentos técnicos ahora son oficiales por lo que deben estar agradecidos y los soldados no son los mismos ignorantes muchachos del campo de antes, se les ha sembrado la ideología revolucionaria y pueden tomar partido. Aunque nunca se sabe, por aquello de que ¨los militares son leales hasta que se alzan¨. La debilidad del régimen es la situación económica, la cual terminará produciendo un estallido social y, además, que se enfrenta a una sociedad que no se doblega y a la heroica resistencia de los estudiantes.

La oposición tiene la fortaleza de ser mayoría, aunque no aplastante. Además, en quince años de lucha democrática no ha bajado la guardia y se ha enfrentado al régimen contodas lasherramientas a su disposición. Su debilidad es que la dirigencia está clara en que hay que salir del régimen, pero difiere en el cómo y en el cuándo y que todavía no le llega a los estratos D y E. Además, se perciben luchas por el liderazgo.

La amenaza es que aumente la violencia por parte de paramilitares rojos que eventualmente se volverán incontrolables y que se produzca un gran estallido social por la escasez, alto costo de la vida y la inseguridad. Si los rojos sensatos, que debe haberlos, quieren sobrevivir deberían pactar una transición. Para convencerlos la protesta en la calle debe intensificarse, pero también una negociación firme de parte nuestra. Los puntos que la MUD ha asomado están todos dentro de la Constitución. El régimen debe sopesar si prefiere derrumbarse a mediano plazo por un malestar generalizado o si le conviene pactar una transición olvidándose de su idea de imponer un castrocomunismo. Esa transición pasa por elegir poderes públicos independientes, decretar una amnistía, realizar elecciones acordando la no reelección y un programa mínimo de gobierno. No será fácil, pero si queremos evitar la anarquía y salvar la República no hay otro camino.

Como en botica: Felicitaciones a los representantes de la MUD que expusieron con contundencia las violaciones a la Constitución por parte del régimen. Seguramente este no cederá en las peticiones fundamentales, pero quedará mal parado. ¡ No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 

La emboscada del diálogo, Vladimiro Mujica

103 Vladimiro Mujica

Por Vladimiro Mujica, 06/02/2014

Es imposible no reconocer la urgente necesidad de diálogo en un país que está haciendo agua por los cuatro costados, sumido en una política suicida que enfrenta al bando de los rojos contra el bando de los azules y donde todos salimos perdedores. Uno de los más claros documentos que recogen esta urgencia es la Declaración Política del MAS en ocasión de su aniversario. Sin duda que tiene razón el MAS en plantear el diálogo como espacio de convergencia de ideas en un país extenuado y demacrado por quince años de enfrentamiento. El asunto es, como afirma el aforismo gringo, para bailar tango se necesitan dos. De manera que además de plantear la urgencia del diálogo, en lo cual es difícil no coincidir, hay que preguntarse cómo se resuelve el dilema de que el Gobierno no muestra ninguna disposición real al diálogo y la convivencia, más allá de declaraciones y actos como el de los alcaldes con el presidente en Miraflores.

Para avanzar en la dirección de reflexionar acerca de lo que es necesario hacer para inducir la disposición a dialogar del oficialismo es importante preguntarse por qué el Gobierno actúa así. La primera respuesta, simple y brutal es: porque puede. El chavismo se siente guapo y apoyado, ha arruinado a Venezuela, la corrupción lo corroe internamente como un cáncer, su gestión ha agravado todo lo que encontró mal, y, sin embargo, sigue contando con un apoyo sustancial de la población y, más grave aún, con impunidad política para hacer lo que hace. En verdad, desde un punto de vista militar, como le gustaba plantear los conflictos entre venezolanos a Chávez, el chavismo no tiene ninguna necesidad de dialogar porque están en una situación de fuerza muy sólida.

La segunda respuesta a por qué los sectores más duros del chavismo se resisten a cualquier intento por reconciliar al país es muy perturbadora: la reconciliación significa para estos sectores la derrota final de la revolución, porque implica transigir y negociar con los odiados modos de una democracia que califican de burguesa. Para quienes como yo somos lectores consuetudinarios de Aporrea, allí se expresa con claridad esta postura: la respuesta al estado de desazón de la nación es más revolución, más poder comunal, más plan de la patria. A no transigir con los escuálidos, y la burguesía apátrida. Ese es el lenguaje. De modo que quienes sueñan con que del interior del chavismo descontento con la gestión que califican de blandengue de Maduro vendrán los proponentes del diálogo, es mejor que terminen por concluir pronto que su sueño se puede convertir en pesadilla sin solución de continuidad.

El tercer elemento de la respuesta está muy vinculado con los dos anteriores. A la impunidad política se le suma la decisión de controlar a la sociedad por la vía de hacer miserable la vida de todos a través de la gerencia de la crisis, la inseguridad y el miedo. En una sociedad racional el término “gerencia de la crisis” implica más bien la respuesta para controlar una crisis. En Venezuela, el término hay que entenderlo en su acepción más perversa como un modo de mantener la vida de todos en jaque, obligados a una lucha diaria por la supervivencia, tanto a la inseguridad como a la humillación de las colas y el peregrinaje por los hospitales mendigando atención y medicinas. La tesis es muy simple y brutal y ha sido ensayada por largo tiempo en Cuba que tiene a Venezuela como su Protectorado: mientras la gente está ocupada en sobrevivir a la miseria de sus existencias no hay tiempo ni energía para ocuparse de rebeliones y protestas contra el poder. Es decir, que la precariedad de nuestras vidas, que cada vez lleva a más venezolanos a intentar irse del país, es consustancial al modelo de poder chavista. Ello incluye, por supuesto, a los más pobres a quienes se les entregan mendrugos de lo que se llevan los círculos de la corrupción. La única razón por la cual la destrucción de la economía formal no se ha traducido abiertamente en una hambruna parecida al “período especial” cubano cuando la teta de la Unión Soviética desapareció, es porque en Venezuela el ejercicio universal del “rebusque” y la economía informal actúan como válvulas de escape.

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Venezuela con la mayor burocracia existe en su historia, @isaurohernandez

097 DINERO

Por Isauro Hernández, 05/02/2014

Venezuela en manos de los chavistas y en particular de Nicolás Mauro no tiene dinero para pagar deudas, pero si para mantener la mayor burocracia existente en la historia del país suramericano.

La nación petrolera le debe a todo el mundo, tiene deudas con las líneas aéreas, con empresas que prestan servicios en la Misión vivienda, en la construcción de tramos del Metro, con los trabajadores, con las clínicas privadas, en fin le pide “fiao” a todo el mundo y a nadie le paga y lo paradójico es que con el precio del crudo en 2012 a 103 dólares el barril, la deuda externa de la República continuó creciendo velozmente y se ubicó en 105 mil 779 millones de dólares, de acuerdo con las estadísticas del Banco Central

El crecimiento de la deuda en divisas obedece a que el Gobierno disparó el gasto hasta niveles récord que rebasaron con creces al ingreso petrolero y la recaudación del Seniat y como complemento se añadió el crecimiento de los compromisos en bolívares que también aumentaron continuamente durante 2012.

Las importaciones, porque en el país, después del petróleo no se produce nada más, en el cuarto trimestre se ubican en 17 mil 841 millones de dólares, el monto más elevado en los últimos quince años, de allí se desprende que las compras en el exterior del sector público aumentaron 70,2% básicamente, porque las de Pdvsa se disparan 119%.

Para tener una idea de la inmensa deuda que ha contraído la revolución comunista que gobierna en Venezuela, hay que observar los compromisos que tiene con la banca bilateral, con la cual se obtiene acreencias por el orden de los 894 millones de dólares y con la banca comercial privada la cifra alcanza los 621 millones de la divisa americana

Se podía pensar que un gobierno que se encuentra en estas condiciones, lo lógico, lo normal, sería reducir el gasto público, frenar las donaciones de dinero y de petróleo a muchos países, entre ellos Cuba, para ahorrar el capital suficiente e ir cancelando estos compromisos.

Pero no, prefieren que sus conciudadanos se mueran de hambre, que sufran la escasez de alimentos y de otros productos indispensables para vivir, que la delincuencia siga haciendo de las suyas, pero ¡jamás! quitarle un mililitro de petróleo a Cuba y mucho menos dejar de regalarle los dólares que tanta falta hacen en Venezuela.

El gobierno chavista que hoy maneja Nicolás Maduro suma 31 ministerios y 107 viceministerios.  ¿Cuánto le cuesta al estado venezolano un viceministerio? Cada uno de estos viceministros bolivarianos podría percibir unos 32.700 bolívares mensualmente por su aporte en la construcción del socialismo. Saquen cuenta, agréguenle el personal que estos viciministerios necesitan, locales, implementos de trabajo, en fin todo lo que necesita una oficina para su funcionamiento.

No solo se trata de los ministerios y viceministerios, también se ha registrado un “crecimiento acelerado de los órganos y entes adscritos a los diversos ministerios, llegando en 2013 a la cifra de 849 (444 sin fines empresariales y 409 empresas y entes financieros)”.

Qué país puede salir adelante así, llegó la hora de darle un “parao” a este desastre que está llevando a Venezuela a un colapso total, donde tendrán que pasar muchos años para recuperarnos de esta debacle en que nos ha metido la revolución comunista de Chávez, los Castros y Maduro.

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La genuina inclusión social, @HechosOpiniones

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Por Alberto Medina Mendez, 06/02/2014

El vocabulario político contemporáneo ha incorporado el concepto de “inclusión social” como una autentica demanda que recorre el planeta con diferente éxito. No lo ha hecho de un modo neutral, sino desde una apropiación ideológica claramente intencional…

La demagogia populista de este tiempo, con sus matices, intenta darle un sesgo a esa definición, un contenido que posibilite la confiscación del término, aunque su ineficacia serial e hipocresía manifiesta se están ocupando a diario de colocar las cosas en su justo lugar.

Utilizan este supuesto recurso dialéctico, simpático, para oponerlo como contrapunto a la exclusión. Construyen entonces un enemigo virtual y lo describen como ese sector de la sociedad que deliberadamente fomenta la existencia de marginados por estricta conveniencia.

En realidad, los que desean que eso suceda, son los mismos que esbozan ese discurso. Precisan de los excluidos para utilizarlos como rebaño y para que masivamente los acompañen en cada turno electoral legitimando con votos sus mayorías circunstanciales.

Cuando hablan de inclusión pretenden transmitir la idea de una sociedad más integrada poniendo en funcionamiento un sinnúmero de herramientas que se sostienen sobre un gigantesco clientelismo demasiado elemental.

La tarea consiste en entregar donativos, repartir favores y distribuir subsidios, aunque se esmeran en presentar estas sombrías prácticas como ayudas, auxilios o compensaciones, fortaleciendo la visión de que se trata de un derecho natural de todos, que no debe ser cuestionado.

Lo que no dicen, es que la gente tiene derecho a la posibilidad de ganarse con dignidad su sustento. No necesita de canallas que le regalen nada, mucho menos si lo hacen con recursos del resto de los ciudadanos a los que previamente han saqueado, quitándoles coercitivamente una parte importante del fruto de su esfuerzo y apelando para ese deplorable objetivo a su infinito arsenal de impuestos.

No se protege a los pobres regalándoles dinero a cambio de ningún esfuerzo, ni convenciéndolos de que eso les corresponde solo porque nacieron en determinado territorio. No se defiende a un ciudadano, haciéndolo sentir un inútil, alguien que solo puede recibir limosnas porque no sirve para nada. Con ese método solo se humilla, se degrada y se condena a un ser humano a un nivel de dependencia del resto de la sociedad, que nadie merece.

Pero esa dinámica no es casual. Ha sido especialmente diseñada y no precisamente por sensibles dirigentes, sino por perversos estrategas que pretenden establecer un vínculo político con ese sector postergado de la sociedad, sometiéndolos por tiempo indefinido para cumplir con sus propias metas electorales.

Esos gobernantes no dejan nada librado al azar, necesitan de rehenes, y se ocupan de instalar la idea de que deben seguir en el poder, ya que de otro modo los excluidos, no tendrán futuro. Se pasan horas perfeccionando esa cruel relación con la gente, de absoluta subordinación política.

Los que menos tienen solo necesitan una oportunidad para desarrollarse por ellos mismos. Si los gobiernos y las sociedades pretenden realmente asistir porque entienden que esa es su obligación moral o por mera solidaridad humanitaria, lo mejor que pueden hacer es dedicarse a romper con ese círculo vicioso que no permite prosperidad y que sentencia a muchos a una atroz pobreza crónica.

Para lograr una legítima inclusión social se necesitan condiciones especiales que requieren de una férrea decisión política y una convicción a prueba de todo. Se precisan capitales en abundancia, inversiones significativas, fuentes de empleo de gran diversidad, pero sobre todo reglas de juego claras y estables con un marco jurídico capaz de proteger la propiedad privada. Abundan ejemplos en el mundo que lo demuestran de forma irrefutable, aunque algunos prefieran ignorarlo.

No se sale de la pobreza con buenas intenciones, sino con políticas alineadas con el objetivo. Los que hablan de inclusión pero recurren a la dádiva como instrumento, solo quieren esclavos electorales.

Si se pretende una sociedad más justa, repleta de oportunidades para el desarrollo de los individuos, habrá que tomarse con más seriedad el asunto y comprender que la contribución con mayúsculas consiste en permitir a los ciudadanos forjar su propio futuro, quitándoles las múltiples interferencias que el sistema le propone a diario y estimulándolos a construir sus sueños sin que nadie les señale permanentemente que son ineptos e inservibles.

Buena parte de la responsabilidad de este presente patético, la tiene una comunidad que por ignorancia, ingenuidad o pereza mental termina siendo extremadamente funcional a la incubación de una inaceptable servidumbre electoral.

Por cierto, el camino que se debe recorrer es mucho más difícil que la retorcida fantasía que formula el populismo moderno. Hacer las cosas bien implica sortear un sendero plagado de escollos, sinsabores y demasiada incertidumbre, pero no existe otro modo sensato para lograr una genuina inclusión social.

http://hechosyopiniones.com/2014/02/06/la-genuina-inclusion-social/

El triángulo dorado de la oposición, Vladimiro Mujica

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Por Vladimiro Mujica, 30/01/2014

Después de 15 años de intentos por definir una estrategia clara para enfrentar el autoritarismo militarista y populista que está arrasando con el país, la oposición venezolana todavía bascula entre posturas aparentemente incompatibles sobre cómo conducirse. Esta afirmación requiere de inmediato otra donde se precise que han ocurrido innegables avances en el terreno electoral y en definir un liderazgo alternativo, en buena parte gracias al esfuerzo de la MUD y de Henrique Capriles. Pero a la luz de los hechos, es difícil objetar la conclusión de que todos estos esfuerzos han sido insuficientes y que el país continúa deslizándose por una peligrosa pendiente. El fracaso de la gestión de gobierno del chavismo y su pretendida revolución es tan estruendoso que bajo circunstancias normales del juego político ya hace mucho que les habría costado el gobierno de la nación. Sin embargo, es innegable que el Comandante Supremo y sus herederos cuentan con un nivel de respaldo, y sobre todo de impunidad política, que no se corresponde con el desastre de su gestión al frente de los destinos del país.

Por supuesto que buena parte de la aparente invulnerabilidad del chavismo frente al desastre tiene que ver con la gruesa coraza de protección que le garantiza el control de las instituciones y los recursos de la nación para favorecer su juego político. A esto hay que agregarle la hegemonía comunicacional, el uso del miedo y la violencia y una infinidad de mecanismos para ejercer el control de la sociedad. No cabe duda de que enfrentar a un régimen híbrido que combina una pseudodemocracia con el autoritarismo populista está lejos de ser una tarea simple, pero precisamente por la complejidad de esta acción es indispensable reflexionar a fondo sobre la forma en que estamos ejecutándola.

En estos días hemos sido testigos de un intercambio en la prensa protagonizado por importantes actores de las filas opositoras sobre la naturaleza del enfrentamiento con el régimen chavista. Pareciera como si desde el campo de las fuerzas opositoras que se mueven bajo el supuesto de que la polarización puede ser usada a nuestro favor se intentara contraponer el escenario de la acción electoral con la actividad de movilización social en la calle. A ello hay que añadirle un ingrediente adicional y es que existe una postura según la cual la polarización solamente juega a favor del chavismo y que es necesario tomar como eje de la acción política la idea de la reconciliación.

Sin ánimo de intentar prédicas sobre una materia tan delicada, quisiera insistir sobre algo que podría pasar por una imposibilidad. Sostengo que las diferentes líneas de actuación de la oposición no solamente no son irreconciliables sino que son complementarias en el esfuerzo contra el autoritarismo. Por un lado, y como he sostenido en otras oportunidades, el espacio electoral y la movilización ciudadana deben ser dos caras de la misma moneda. En rigor, no parece posible avanzar exitosamente el espacio opositor sin ponerse a la cabeza de la protesta social pacífica contra el desastre en que el chavismo ha convertido a Venezuela. Y ese avance en definitiva se traduce en votos que será necesario custodiar frente al abuso oficialista.

Por otro lado, los esfuerzos por la reconciliación tienen que tener vocería propia y constituyen una herramienta que en su momento será necesaria para acercar a las dos mitades del país. Pero aquí corresponde acotar que el chavismo no tiene ninguna necesidad de negociar desde la posición abusiva y sobrada en la que se encuentra. Solamente si el país se les torna ingobernable será posible un esfuerzo realista de reconciliación que eventualmente puede conducir a una nueva Asamblea Constituyente. Pero en un país en calma chicha y con la gente ocupada en sobrevivir a la violencia y a los males cotidianos en que se ha convertido la existencia de los venezolanos, el lenguaje de la reconciliación caerá en oídos sordos. Es decir que, paradójicamente, los promotores de la reconciliación como eje político también se van a beneficiar de la acción de quienes promueven la rebelión democrática de la ciudadanía.

Conciliar esta diversidad de posiciones requiere de dos ingredientes adicionales: unidad y una narrativa discursiva consistente. El triángulo dorado de la oposición consiste precisamente de articular sabiamente estos tres ingredientes esenciales: unidad, narrativa y acción política. Es difícil imaginarse cómo soluciones parciales a la ecuación opositora pueden ser exitosas y es precisamente la tarea esencial del liderazgo y la ciudadanía comprometida encontrar una solución al problema con la complejidad que este tiene y no con la complejidad parcial que pueda convenirle a determinados actores políticos en la disputa por el liderazgo. Venezuela demanda mucho más que eso en estos momentos críticos de su historia.

Nunca como antes fue más cierto que todos somos necesarios para el diseño y ejecución de una estrategia creíble contra el autoritarismo depredador y corrupto. A pesar de la diversidad de enfoques o, más bien, precisamente por eso.