Como cuidar el voto en las Elecciones del 8-D, @ignandez

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Por José Ignacio Hernandez, 02/12/2013

Una de las dudas recurrentes sobre las elecciones del 8-D es si puede hacerse algo para cuidar el voto y evitar que, de manera fraudulenta, pueda cambiarse la voluntad popular.

En un intento por responder estas dudas, y a muchos de los temores relacionados con las elecciones, he confeccionado una especie de guía rápida para cuidar el voto, con catorce reglas sencillas que todos podamos aplicar.

1. Para cuidar el voto hay que votar. La primera gran medida para cuidar el voto es votando. Sólo votando podemos evitar cualquier fraude. Abstenerse de votar por la posibilidad de fraude es, entonces, facilitarle el trabajo a quienes quieren promover el fraude y la corrupción electoral.

2. ¿Y si me roban el voto? Una reciente encuesta de Datanálisis, comentada por Eugenio Martínez, revela que 60% de los electores desconfían del organismo comicial. Tras ello posiblemente se esconde un temor, o acaso una convicción, de que alguien se roba los votos.

Hasta ahora no se ha alegado con seriedad el robo de votos y, definitivamente, ése no fue uno de los temas principales de los cuestionados a las elecciones del 14-A. Hay robo de votos cuando pese a que usted vota por el Candidato A, el voto se asigna al Candidato B, algo que puede pasar al momento de votar, en el escrutinio de los votos o durante la transmisión de los datos y la totalización.

Ese robo no existe, o al menos no ha sido probado. Hasta ahora, el sistema del CNE permite concluir que el voto realizado es efectivamente registrado, escrutado y totalizado. Pero, en todo caso, no está de más que el elector tome una sana medida: leer el comprobante de votación y comprobar que la opción allí recogida coincide con su decisión. Sobre todo pues, como veremos más adelante, ese comprobante es un documento electoral muy importante.

Alguien podrá pensar que, ante la duda de si pueden robarme el voto, es preferible no votar. Eso sería como nunca comprarse un carro por el temor a que se lo roben. El temor a que nos roben del voto es una razón adicional para votar: el peor robo de voto es que se logra con la abstención.

3. ¿Mi voto es secreto? Otro de los temores en torno al voto es que éste no es secreto, con lo cual podrían tomarse represalias por el voto ejercido. La realidad es otra: el sistema electoral no permite conocer por quién se votó. Ni siquiera el Sistema de Autenticación Integrado (el llamado “captahuellas”) pone en riesgo el secreto del voto, pues no hay manera de sincronizar la huella registrada con el voto ejercido. El riesgo no deviene, entonces, del sistema, sino de los abusos que pueden cometerse al coaccionar el elector para que vote por una determinada opción, como veremos más adelante.

4. El voto nulo. Más que preocuparse porque el sistema divulgue nuestro voto, hay que tener cuidado con el voto nulo. Votar no es siempre fácil, y en especial el 8-D, el acto de votación será muy complejo, por los distintos cargos que serán electos. La regla es estudiar muy bien cuáles son las opciones tiene cada elector para votar en cada centro y prestar atención a las instrucciones dadas al momento de la votación. Y, por supuesto, pulsar el botón “votar” justo en el momento debido: ni antes ni después.

5. Cuidando a los testigos electorales. Si los venezolanos no confían en el CNE es, en parte, por cuanto su actuación no es transparente. Por ello, para tener unas elecciones más transparentes, hay que tener más y mejores testigos de votación.

El testigo tiene pleno derecho de acceso a la mesa electoral e incluso puede formular observaciones al Presidente de la mesa, las cuales deberán quedar recogidas en las actas electorales. Toda acción que, directa o indirectamente, afecte el acceso de los testigos al centro es un grave vicio, del cual hay que dejar constancia en las actas correspondientes de las mesas.

Hay que cuidar entonces a los testigos, pues ellos son un factor clave para asegurar un elemento muy importante: la identidad del elector.

6. El voto asistido y la coacción sobre los electores. El voto es manifestación libre de los ciudadanos y no puede ser coaccionado. Esto no debe confundirse con el “voto asistido”. Cuando un elector tiene impedimentos físicos que le restringen su derecho al voto (por ejemplo: alguna condición que afecte la visión o la movilidad) puede requerir la asistencia de un acompañante en el acto de votación. El Consejo Nacional Electoral decidió que en los centros con más de tres mesas ese acompañante debe registrarse en el Sistema de Información al Elector (SIE).

Este voto asistido no puede degenerar en abusos. Si así fuere, los miembros de la mesa y testigos electorales deben formular las observaciones correspondientes. Hay que insistir en que este voto asistido únicamente procede si el elector está evidentemente impedido de ejercer el voto por sus propios medios. Una pierna enyesada no es, por ejemplo, un impedimento válido.

En la elección del 14-A se denunció que terceras personas acompañaron al elector al momento del voto, pero no como consecuencia de un voto asistido sino para constreñir el ejercicio del voto. Esto es un abuso que viola gravemente el derecho al sufragio y como tal debe ser denunciado. Nuevamente aquí el papel de los testigos electorales es clave, para evitar que el voto asistido degeneré en coacción al elector.

7. La suplantación de identidad. Otro posible escenario para la corrupción electoral es la suplantación del elector: la persona que vota sustituye la identidad del legítimo elector. Es importante condicionar el acto de votación a la presentación de la cédula de identidad, pues ese elemento permitirá comprobar si la persona que vota es, efectivamente, el elector.

¿Y si la cédula de identidad está forjada? Ése es otro temor, que deriva de la falta de transparencia de nuestro sistema electoral. Para ese supuesto, y el caso en el cual el voto simplemente es ejercido por alguien distinto al elector, hay dos aliados importantes: los testigos y el captahuellas.

8. El “temido” captahuellas. El captahuellas ha sido objeto de grandes polémicas. Para algunos es un elemento que viola el secreto al voto. Para otros es una garantía del principio “un elector/un voto”. En ambos casos se parte de un error.

Ya explicamos que, hasta ahora, no se ha comprobado que el captahuellas viole el secreto del voto. A pesar de que ese instrumento es el último paso previo al acto de votación, no hay pruebas objetivas de la relación que pueda existir entre la huella registrada y el voto ejercido. El voto, insisto, es secreto. Sin embargo, el captahuellas tampoco garantiza el principio “un elector/un voto”: si al momento de registrar la huella ésta no es reconocida, el elector podrá votar como consecuencia de un principio básico: el derecho al voto sólo se condiciona a la cédula de identidad, no a que la huella sea reconocida.

Cuando la huella no coincide, se genera una incidencia por no-coincidencia que queda registrada en la memoria del captahuellas. Luego, si se pretende suplantar masivamente la identidad del elector, existirán dos aliados importantes: los testigos, quienes deben estar alertas para los casos de no-coincidencia de las huellas, y la propia memoria del captahuellas, en la cual quedarán registradas todas las incidencias. Éste es, por lo tanto, otro elemento a tener en cuenta: cada vez que el captahuellas no identifique debidamente al elector, deberá comprobarse si estamos en caso de suplantación de identidad. Otra tarea importante de los testigos y miembros de mesa.

9. La importancia del cuaderno de votación. Hay todavía una prueba adicional de la suplantación de identidad: el cuaderno de votación, en el cual deberán registrarse los electores que sufragaron. Por lo tanto, si hubo suplantación de identidad (lo que supone que los testigos electorales no pudieron realizar su función) quedaría en los cuadernos de votación, en especial por la huella y la firma.

Los cuadernos de votación son un instrumento de votación que debe ser de público acceso para los testigos, tanto durante el acto de votación como durante la verificación ciudadana, a la cual me referiré más adelante.

10. Las incidencias en la mesa electoral. Es importante que los miembros y testigos de mesa estén atentos a cualquier incidencia que pueda suceder en la mesa y, de ser el caso, dejar constancia de ello en las actas correspondientes. Sólo una atenta vigilancia durante todo el proceso electoral garantiza debidamente el derecho al sufragio.

11. ¿Y quién manda en la mesa? Conviene aclarar que quienes mandan en la mesa son sus miembros, no el Plan República. El Poder Militar queda subordinado al poder civil de la mesa y sólo la mesa puede ordenar el proceso de votación. El Plan República sólo es guardián del orden público y carece de atribuciones para dirigir el proceso electoral.

12. La campaña electoral abusiva. El día de la elección no puede hacerse ningún acto directo o indirecto de campaña electoral. Es decir: ninguna invitación específica a votar por un candidato o partido político. Eso es en teoría. En la práctica conocemos los abusos de los actos de campaña registrados durante el día de la elección, incluso, en las cercanías del centro.

¿Qué puede hacerse al respecto? Por más que se crea que nos servirá de mucho, es importante denunciar estos actos. Y, nuevamente, los testigos son parte importante, pues ellos pueden dejar constancia de los actos abusivos de campaña electoral en las inmediaciones del centro.

13. El cierre del acto de votación. El cierre del acto de votación es un momento crucial. Un cierre temprano supondrá la violación del derecho al sufragio. Pero un cierre dilatado es igualmente abusivo. El cierre dilatado es cuando, pese a concluir el tiempo de la elección a las seis de la tarde, y sin que existan electores en fila, la mesa no cierra.

Nos hemos acostumbrados a una táctica abusiva: poco antes del cierre de la mesa, se anuncia “el remate perfecto”, como si la democracia fuese una carrera de caballos. Y entonces comienzan los problemas en cuanto a mesas que, pese a no tener electores, no cierran.

Cuando a las seis de la tarde no hay electores en fila para votar, la mesa debe cerrar y para ello no se necesita la autorización del CNE. Son los miembros de mesa quienes están obligados a cerrar la mesa a esa hora, a menos que haya electores en fila para votar. Eso es importante recalcarlo: los electores deben estar en fila para ejercer su derecho al voto. Si hay simplemente un grupo de personas en las afueras del centro que no ingresan para votar, ello en modo alguno constituye una “fila de electores” que justificaría mantener abierta la  mesa. He aquí otra función clave de los testigos: velar que la mesa cierre justo a tiempo. Ni antes ni después.

14. Un momento clave: la verificación ciudadana. Concluido el acto de votación, se procede al acto de escrutinio, que quedará reflejado en el acta de escrutinio. Allí constan el número total de votos registrados, distinguiendo entre los votos nulos y válidos de acuerdo a los cargos electos.

Esta acta es importante pues permite comprobar, entre otros aspectos, si el número total de votos registrados coincide con el número de electores según el cuaderno de votación, todo lo cual, como vimos, es un elemento clave para comprobar la identidad del elector.

Por eso es muy importante la realización de la llamada verificación ciudadana, una auditoría pública que puede ser presenciada por cualquier ciudadano, en la cual deberá comprobarse la sinceridad de los datos contenidos en el acta de escrutinio, lo que implica verificar tres instrumentos: el acta de escrutinio, los comprobantes de votación (ese papelito que emite la máquina luego de votar) y el cuaderno de votación. Cualquier posible abuso o elemento de corrupción electoral podría quedar en evidencia allí. Insisto en la importancia de la revisión del cuaderno de votación.

Un dato importante: la verificación ciudadana no se realiza en todas las mesas, sino sobre el porcentaje que el Consejo Nacional Electoral determine mediante el Reglamento. En la práctica, ese dato suele identificarse en los manuales que el Consejo Nacional Electoral emite para cada elección. Para la elección del 8-D, el Consejo dispuso que la verificación ciudadana sólo se realice para cargos nominales y para el 53,547% de las mesas. Para escoger las mesas, finalizado el acto, los presidentes deberán hacer un sorteo público de las mesas seleccionadas.

Por eso los electores deben aproximarse al centro de votación cerca de las seis de la tarde para presenciar no sólo que la mesa cierre sino para presenciar este momento final del proceso electoral. El principio de publicidad no sólo garantiza el acceso de los testigos, sino de cualquier interesado. Por ello, si usted está interesado en cuidar el voto y no es testigo, tiene aquí una oportunidad de oro.

Una reflexión final. Para fortalecer la democracia es necesario votar, pero no toda elección es signo de una democracia fortalecida. La democracia va mucho más allá del acto de votar. La democracia implica, además, otro conjunto de reglas sustantivas que garantizan la separación de poderes, el pluralismo, la tolerancia, y el cumplimiento de la Constitución y el respeto a la Ley como acto de protección de la libertad y la dignidad humana, entre otras. Sin esos valores, la democracia degenera en una odiosa forma de totalitarismo.

Algunos de quienes han expresado su decisión de no votar aluden básicamente a los muchos vicios del sistema electoral denunciados el 14-A, que no han sido solventados. Es una opinión que respeto, pese a que no estoy de acuerdo con ella. Ciertamente, hay dudas sobre la transparencia del sistema electoral y el 14-A demostró la poca probabilidad de éxito en la defensa judicial del voto, ante la insólita decisión de la Sala Constitucional de inadmitir todas las impugnaciones.

Todos estos vicios facilitan actos de corrupción electoral, pero al decidir no votar se les facilita un atajo a quienes les interesa la corrupción electoral.

Si queremos combatir la corrupción electoral y el fraude, lo primero que debemos hacer es votar. Y lo segundo es cuidar el voto.

Es mucho el trabajo que debemos hacer para construir una auténtica democracia. El camino es largo. Votar el 8-D no solucionará todos los problemas, pero es la única manera de mantener la lucha por fortalecer la democracia en Venezuela. Como dijo Juan Pablo II en Centesimus Annus, “una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. […] Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como ha demostrado la historia”.

http://prodavinci.com/blogs/como-cuidar-el-voto-en-las-elecciones-del-8-d-por-jose-ignacio-hernandez-g/

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