Cómo librar exitosamente una Guerra Económica, Humberto García Larralde

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Lecciones del Comandante Eterno a su hijo predilecto

Humberto García Larralde, economista

Profesor de la UCV, humgarl@gmail.com

  1. No se te ocurra tomar en cuenta a los economistas. Ellos buscan amarrarte las manos e impedir que tomes decisiones revolucionarias con aquello de “entender las leyes del mercado”, la “racionalidad de los agentes económicos”, las “restricciones presupuestarias”, los “equilibrios deseados” y otras majaderías. Lo que quieren es enredarte para imponer sus puntos de vista, amparados en esa jerga incomprensible que usan para que creas que son ellos los que saben. Hazle caso a Giordani.
  2. Centraliza totalmente la toma de decisiones en tus manos. Crea un órgano superior, por encima de los ministerios del ramo, una especie de Estado Mayor –mejor llámalo Órgano Superior de Economía- para intervenir directamente en el ámbito de la producción, las finanzas, el comercio y los servicios. Pon un militar al frente para que sólo te rinda cuentas a ti. Ellos están entrenados para aceptar órdenes sin chistar. Nada de autonomías ni libertades en las decisiones, ¡Control absoluto!
  3. No se te ocurra delinear una estrategia y menos anunciarla; no hagas explícitas tus políticas porque te comprometes con unos objetivos que luego servirán para reclamarte si no los cumples. Insinúa, si acaso, tus propósitos. Así transmitirás la idea de que estás abocado a la solución de lo que pueda presentarse, pero sin dar detalles ni especificar cómo. Cuadro cerrado en cuanto a la información sobre tus planes y acciones en materia económica: ¡cero transparencia y rendición de cuentas!
  4. Centraliza al máximo los recursos disponibles para usufructo discrecional tuyo y de tu círculo inmediato. Te dejé como práctica la formulación de presupuestos nacionales con base en precios del petróleo muy inferiores a su importe real para reservarte, mediante créditos adicionales, el gasto de lo que queda, sin los estorbos del control presupuestario. Pero no basta. Inventa nuevos fondos y fináncialos con retazos sacados de aquí y de allá, así como con contribuciones especiales impuestas al sector privado. Si se solapan, mejor, para confusión de la derecha y para que sus administradores se peleen por quedar bien contigo. Es menester ocultarle a la oposición dónde están los recursos, cuántos son, ni para dónde van, para mantenerlos siempre fuera de balance. No permitas que anticipen tus políticas porque le das pie para que se independicen y perderás el control.
  5. Gasta a manga ancha; para eso eres gobierno. Sigue repartiendo directamente dinero a tu base de apoyo para mantener su lealtad y comprometerlos con tu permanencia al frente del Estado. No te angusties por supervisar cómo se gasta, pero deles siempre un poco menos de lo que necesitan o piden, para mantener su sumisión. No hay problema si, por falta de controles y de transparencia, se te cuelan algunos vivos a hacer “negocios”. Eso sí, hazles saber que estás enterado, para chantajearlos en el caso que se pongan cómicos y tienen la osadía de criticar tus ejecutorias.
  6. Si no alcanzan los reales, transfiere recursos destinados a la inversión o al gasto de mantenimiento. En todo caso, acude a los chinos. Ellos se encandilan con las riquezas de nuestro subsuelo, por lo que unas cuantas concesiones aquí y allá les hará aflojar la cartera. ¿No canjeó Colón espejitos y baratijas a los indios por oro? De gracias que mandé a reformar la Ley del BCV para que pudiera prestarle a las empresas del Estado. En última instancia, ¡Ordénale que imprima más dinero si lo necesitas!
  7. Se generoso también con nuestros amigos internacionales. Así te blindarás con sus votos contra todo intento del imperio (o de Colombia) por sancionarte en los foros internacionales. En última instancia, más le sirve a la revolución este blindaje que algún día estos países paguen sus deudas.
  8. Ve aboliendo, sin prisa pero sin pausa, las garantías económicas previstas en la Constitución. Siempre habrán fincas o empresas que pueden ser acusadas de improductivas para proceder a expropiarlas. No importa que se hace después con ellas, para eso te dejé una variedad de figuras con las cuáles experimentar -fundos zamoranos, empresas de cogestión, núcleos de desarrollo endógeno, empresas de producción social, consejos comunales, comunas, etc., etc- con las cuales podrás mantener la expectativa de que, en algún momento, acertarás con una solución. Mantén las empresas en jaque a través de amenazas, controles y regulaciones. Si paralizan sus planes de expansión, exprópielas.
  9. Asegura que los tribunales sean sordos ante cualquier reclamo; las garantías jurídicas y procesales de la burguesía son un arma para paralizar la revolución. Lo que quieren es acumular fuerzas para sacudirse de la obligatoria tutela del Estado. ¡El control político directo del Poder Judicial es crucial! Cada tanto tiempo usa tu mayoría en la Asamblea Nacional para que te aprueben una Ley Habilitante que te dé manga ancha en materia económica, evitándote discusiones embarazosas sobre el rumbo de la economía, ni la necesidad de rendir cuentas.
  10. Mantén el control de precios. Va minando poco a poco la rentabilidad de la empresa privada, mantiene un clima de incertidumbre que desestimula la iniciativa propia y sirve para conquistar el apoyo de las masas con el argumento de que estás resteado en tu lucha contra los especuladores. Si se agudiza la inflación o el desabastecimiento de productos, siempre tendrás a quién culpar. Por cierto, ¡Felicitaciones por haber acuñado el término de Guerra Económica!
  11. Mantén el bolívar sobrevaluado a través de un estricto control de cambio. Recuerda que las divisas son del pueblo, no para el usufructo trivial de la burguesía. Y el pueblo es el gobierno, es decir, tu mismo. El dólar artificialmente barato hace que tengas que racionar la divisa, proporcionándote un instrumento de control para doblegar a los empresarios y someter a la gente. Además, mantiene la ilusión de que se contendrá la inflación, abaratando las importaciones. ¿Qué se haya multiplicado la salida de capitales? No importa: el control de cambio reserva al Estado la primera opción para el usufructo discrecional de las divisas, en persecución de nuestros fines políticos (u otros).
  12. Enseña al pueblo que tiene un derecho nato a disfrutar de bienes y servicios por el sólo hecho de ser venezolano. Nada de supeditar la remuneración a méritos, productividad, esfuerzos propios o talento: ello sólo reproduce la estructura de privilegios que es menester abolir. Por lo mismo, impide que los tribunales de trabajo sancionen el ausentismo y mantén la inmovilidad laboral. Ve aplanando la escala de salarios, subiendo el nivel mínimo mientras mantienes constante el resto, en aras de la equidad.
  13. Haz de PdVSA y las empresas básicas de Guayana tus “cajas chicas”. Para eso está el petróleo, más caro que nunca en los mercados internacionales. ¡Con las riquezas de nuestro subsuelo puedes hacer lo que te da la gana! Además, PdVSA todavía cuenta con personal calificado que puedes desplegar en otras dependencias y/o para crear subsidiarias no petroleras, como también para administrar las misiones. El petróleo sale sólo. Usa el caudal de ingresos para tu política de alianzas internacionales y para subsidiar bienes estratégicos, como la gasolina.
  14. Y sobre todo, fulmina los medios críticos, agoreros y acaba con la protestadera de sindicatos y gremios. Sanción con ellos, pon a los militares al control. ¡Patria, socialismo o muerte, venceremos!
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