Los límites del poder, por Luis Enrique Oberto

Dr Luis Enrique Oberto

Por Luis Enrique Oberto, 16/10/2013

A través del tiempo, desde la imposición en la primera mitad del siglo XX de regímenes totalitarios en la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi, quedó claro que el propósito de sus promotores -los totalitarios- no era solo afirmarse en el poder por siempre, sino también de ejercerlo -sin alternancia personal alguna en su máxima dirección- sin ningún límite legal ni de otra naturaleza.

Así ha ocurrido, cualesquiera han sido o son las utopías y las prédicas utilizadas para enmascarar sus reales propósitos, habida cuenta que -por su naturaleza como régimen- su accionar en todos los casos es contrario a la afirmación del desenvolvimiento en libertad de todos los ciudadanos, para crear y hacer, y al respeto y defensa de su dignidad: de sus derechos como personas humanas.

Ha pasado en el ejercicio de los totalitarismos de viejo cuño, tanto en los que han desaparecido por confrontaciones bélicas y de otras índoles como en los que han subsistido -como el de la isla de la felicidad-; así como en los que han surgido posteriormente de la mano de las facilidades que las nuevas tecnologías y el relativismo en que han caído porciones importantes de pueblos han puesto a su alcance para hacer ver por algún tiempo lo falso como verdad y disimular su hacer contrario al bien común.

Ahora bien, si no se evalúan sus procederes a la luz de los paradigmas propios de las sociedades en las que se respeta y promueve la libertad y la dignidad de las personas -en todas las circunstancias- se puede apreciar con claridad que en la consecución de sus propósitos: la imposición de su voluntad sobre toda la gente, el control total de su quehacer diario y la negación de su realización según sus deseos, son extremadamente eficientes para hacer lucir su accionar con un sentido distinto al que les mueve.

Dueños como gobernantes de la posibilidad de utilizar la fuerza, siempre han actuado bajo la idea de que a través de las leyes que dictan pueden legitimar toda clase de arbitrariedades, que implican el atropello de la dignidad de las personas y la restricción o conculcación de sus derechos fundamentales, y la imposición de cargas de variadas naturalezas que las agobian y desalientan sus aspiraciones.

Por todo ello, el ejercicio del poder sin límites por personas o instituciones de gobiernos -aun por un corto tiempo si tal cosa pudiera ser garantizada- es totalmente incompatible con el desenvolvimiento de una sociedad realmente libre, lo que debe ser tenido presente en todas las circunstancia por los pueblos y su dirigencia genuina.

luisoberto@yahoo.com

http://www.liderazgoyvision.org/nuevo/2013/10/16/los-limites-del-poder-2/

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