Capriles, Aveledo, Kiko y la diáspora

El próximo 7 de octubre son muchos los venezolanos que no podrán votar en el exterior. Con muy contadas excepciones – Francia es una de ellas- las mayorías de las representaciones consulares venezolanas, haciendo uso de todo tipo de subterfugios, complicaron voluntariamente los trámites para poder ejercer el derecho a sufragar.

¿Violación a las disposiciones electorales? No hay sorpresa, desde que el chavismo llegó al poder nos ha demostrado día a día que las leyes, disposiciones y otros detallitos democráticos son como las listas de obstáculos a saltar en algunos juegos. Esta vez, en el particular juego chavista de « este coroto es mío y no lo suelto » se agregaron todas las artimañas administrativas necesarias para entorpecer el derecho de los venezolanos en el exterior. La arbitrariedad quedó al desnudo pero el resultado es el mismo: miles de venezolanos que no podrán votar en el país donde viven.

Los funcionarios de nuestras embajadas asimilaron perfectamente eso de que no importa el país donde se encuentren, la embajada de Venezuela es territorio venezolano. El abuso del poder se ejerce como en casa antes y después de la arepita con mantequilla. No hay límites para reducir el juego democrático al permanente juego de « rojo » que tan divertido y contento de sí mismo nos recordó alguna vez el Presidente.

En el vértice del poder, hay plena conciencia de que los ciudadanos que residen fuera del país no se identifican con la actual administración y en consecuencia son considerados como parias. El éxodo masivo de estos últimos años es la consecuencia directa de un país que no ofrece oportunidades a sus ciudadanos. En la primera década del nuevo siglo, se calcula que más de un millón de venezolanos han emigrado. Socialmente los migrantes de Venezuela están conformados por profesionales de la clase media que, por ser individuos en muchos casos altamente calificados, son rápidamente integrados en las economías de los países que los reciben. Este fenómeno que algunos califican de fuga de cerebro no es objeto de inquietud para un gobierno que Hugo Chávez ya no preside. Ignoran sus dirigentes el daño que le producen a Venezuela con la “expulsión” fuera de las fronteras nacionales de esta materia gris. Ignoran también que cada profesional que emigra hacia otras latitudes representa una pérdida de inversión en términos de capacitación. Para ellos poco importa los costos endógenos que representa la formación de estos nacionales que otros países aprovechan con éxito. Colombia constituye un excelente ejemplo de cómo la industria petrolera naciente de ese país captó para su propio desarrollo los cuadros venezolanos despedidos de Pdvsa. Estas naciones ganan gloria con capital humano ajeno.

Para el gobierno de Hugo Chávez no es suficiente con ser responsable de las desastrosas condiciones internas que son las causas del éxodo de la inteligencia de la nación venezolana. Una vez fuera del país el gobierno se empeña en tratar a estos venezolanos como ciudadanos de segunda. La pertenencia de estos “expatriados” a la clase media y el formidable capital cultural asociado a este sector, sin olvidar la influencia que sobre ella tiene vivir en modelos de sociedad donde se practica la democracia, son factores que potencian el compromiso político con Venezuela de esta diáspora en proceso de constitución.

Estar afuera no significa dejar de estar adentro. Hay una memoria encendida que recuerda a cada instante los lazos profundos con la tierra de origen. Existe una primera identidad que no se desdibuja y que protegiéndola y ampliándola une y separa a la diáspora con una nueva geografía en la cual se reinventa permanentemente la condición de ciudadanos. En las actuales circunstancias de convulsión social que vive el país, el sentimiento de arraigo a una cultura de nacimiento se convierte en un resorte interno que busca un mejor acercamiento a una patria que perdió su razón de ser como nación. El poeta Aimé Césaire estima que los individuos se pueden perder en “la segregación amurallada de lo particular o en la desilusión de lo universal”. Para el filósofo francés Régis Debray “un país o un individuo puede morir de dos maneras: En un espacio cerrado o en una corriente de aire. Conviene alternar y encontrar el buen ritmo lejos de lo común que disuelve y del chovinismo que osifica. La mejor manera de compartir el mundo es ese ir y venir entre la identidad- relación y la identidad- raíz”.

Diseminada en el planeta, la diáspora nuestra tiene un rol primordial que jugar en la reconstrucción de Venezuela. El país va a necesitar de este enorme talento humano que en su contacto con otras sociedades ha incorporado conocimientos y experiencias que en su momento serán de bastante utilidad para salir de la crítica situación que atravesamos. Las formas en que la diáspora participará en la reconstrucción de Venezuela serán muy variadas. Por lo pronto una idea rectora es lograr que cada venezolano en el mundo se convierta en un “vector”, en un “embajador” de la política internacional de Henrique Capriles que facilite los intercambios económicos, comerciales, culturales y políticos entre Venezuela y el mundo.

El tema electoral: Se calcula en alrededor de 100.000 el número de venezolanos que podrán votar en el exterior. Esto quiere decir que la gran mayoría de los electores potenciales no podrán sufragar fuera de Venezuela. ¿Quiere decir esto que todo está perdido? ¿Que no hay otra manera de ejercer el derecho a sufragar? Por supuesto que no. Queda un último recurso: Votar en Venezuela. Para lograr este objetivo hay que crear un movimiento planetario, producir un electro-choque en la conciencia íntima de los venezolanos en el exterior para lograr acercarlos a Venezuela el 7 de octubre y que puedan sufragar en el país.

Proposición: En Venezuela tres personas -entre otras- pueden contribuir en el lanzamiento de esta invitación de votar en Venezuela. Primero, y por razones obvias, Henrique Capriles tendría que enviar un mensaje bien pensado en dirección de la diáspora. Sus palabras tienen que tocar ese sentimiento de arraigo a un territorio que muy bien lo expresa un miembro de la diáspora cuando afirma: “No sé si algún día volveré a Venezuela. Ni se tampoco si algún día me he ido”. Segundo, el consensual dirigente de la MUD Ramón Aveledo tendría que definir los modos y las líneas estratégicas con las cuales los venezolanos del exterior van a ser asociados a la reactivación de la economía y de la democracia del país. La tercera persona en intervenir debería ser el periodista Kiko adaptando la organización que él preside con una versión en el exterior que podría ser “tú y dos más nos vamos pa’ Venezuela en el mismo avión para darle un empujoncito al autobús del progreso el 7 de octubre”.

El ejemplo italiano por memoria: Con el propósito de animar a estas tres personalidades queremos recordar que en abril de 2006 se celebraron las elecciones italianas que enfrentaron Romano Prodi y Silvio Berlusconi. La noche de los resultados hubo un empate técnico entre los dos candidatos. Al día siguiente con los votos de la diáspora italiana Romano Prodi se alzó con la victoria con 25.000 votos aportados por los italianos que residen en el exterior. Prodi obtuvo 49,81% y el inefable Berlusconi 49,74%… el voto en el exterior hizo la diferencia.

Estimados amigos la diáspora espera una señal briosa de ustedes.

E-mail: chipilo@club.fr

carmelagaripoli@free.fr

http://www.notitarde.com/notitarde/plantillas/columnista.aspx?idart=1656641&idcat=9853&tipo=2

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