En Internet, la censura llega siempre muy tarde

Andrew McLaughlin cree que todos los intentos de bloquear el flujo de información en Internet fallan debido a la estructura misma en que está construida la Web. La censura no solo siempre llega tarde, sino que el ruido que genera da siempre un resultado contrario al que busca: aumenta el interés por el contenido bloqueado.
Por María Teresa Lavayen, 25/04/2012
Es útil, para encarar el debate sobre la libertad de expresión en Internet, comenzar por advertir un conflicto de jurisdicciones: mientras Internet no tiene fronteras, las naciones sí las tienen. En otras palabras, los Gobiernos operan geográficamente mientras la red opera horizontalmente, dice el ex asesor de Barack Obama y ex jefe de política pública global de Google Inc.
El debate es entre los partidarios de la libertad de expresión en el ciberespacio y los que favorecen la regulación y el filtrado de algunos contenidos en nombre del bien común.
Quienes se sitúan en la primera posición arguyen que los Gobiernos no pueden restringir el acceso de la gente a palabras o imágenes publicadas en Internet de la misma forma que no pueden arrancar un libro de las manos de un lector en una biblioteca o tapar una estatua desnuda en un museo; que tampoco tienen derecho a decidir en nombre de los padres qué pueden y qué no pueden leer o ver sus hijos en laWeb. En esta visión de una Internet sin censuras, también se condena la instalación de filtros en colegios con el fin de proteger a los niños de peligros diversos.
Los que se inclinan por la regulación y el filtrado proponen bloquear sitios que alientan el crimen, el odio, el terrorismo, la violencia en general, la prostitución o el erotismo. Más que censura, dicen, es aplicar el buen criterio para la protección de la sociedad.
Sin hacer juicio de valor sobre ninguna de las dos posiciones, que en sí mismas son ambas atendibles, McLaughlin se limitó a decir que los intentos de bloquear contenido en Internet son, por una razón puramente tecnológica, casi siempre fracasos rotundos.
Eso ocurre, explica, porque la Internet está construida como una torre de bandejas: infraestructura en la base, protocolos y estándares arriba, aplicaciones más arriba e interfases de usuario en la cima.
Interfases de usuario
Aplicaciones
Protocolos y plataformas
Infraestructura
El problema es que si el contenido que a algún Gobierno no le gusta está ocurriendo en la capa de las aplicaciones y las aplicaciones viven fuera de su país –Twitter, Facebook, Google, por ejemplo– descubre que no puede usar la infraestructura física para controlar o bloquear el contenido que se encuentra en el nivel de las aplicaciones. Son sitios independientes, que están fuera del control de los Gobiernos nacionales.
Gobiernos autocráticos
Los ejemplos más recientes del poder de Internet para superar intentos de bloqueo de Gobiernos nacionales ocurrieron hace poco en Medio Oriente. En Túnez, en Egipto, en Siria.
Lo que se vio en Egipto fue que aunque el Gobierno intentó controlar lo que la gente podía decir llegando al extremo de cerrar las redes móviles, la gente igual pudo usar esas herramientas para conseguir apoyo, crear entendimientos y conectarse entre sí en formas que generaron cambios en las calles. Esto se debe al diseño arquitectónico de la Internet, que permite a la gente evitar los puntos centrales de control.
Un ejemplo más reciente, y muy dramático, ocurrió en China. El Gobierno gastó enormes cantidades de dinero y una cantidad increíble de talento de ingeniería para desarrollar controles en Internet. Las autoridades del partido comunista chino, que durante décadas controlaron la propaganda política, permitieron que Internet llegara al país porque las ventajas para el crecimiento económico son tan obvias que es imposible quedarse afuera, pero intentaron crear formas de control.
Hace poco un tren de alta velocidad, orgullo nacional por haber sido construido con tecnología completamente local, chocó y descarriló con grandes pérdidas humanas. En los viejos tiempos el Gobierno habría tratado de mantener en secreto la noticia de este accidente. La causa principal del accidente alude a incompetencia del ministerio de ferrocarriles (el tren chocó con material de reparaciones olvidado sobre las vías); también se teme que este y otros trenes bala son manejados por personal inexperto, que se usaron materiales baratos para ahorrar costos y que apuraron la inauguración por razones políticas.
Al Gobierno le interesaba suprimir o demorar la noticia. Como en ese país hay una versión nacional de Twitter llamada Sinaweb, las autoridades intentaron controlar los comentarios; pero la noticia y los twiteos circularon a gran velocidad antes de que llegue la orden de censura. O sea que por un rato –tal vez media hora, una hora o tres horas– sí hubo libertad de expresión para contar lo ocurrido.
Entonces el Gobierno tiene una poderosa capacidad técnica para imponer la censura una vez que puede movilizar la decisión, pero siempre hay una demora entre el acontecimiento que genera la noticia y la capacidad del Gobierno para tomar una decisión. La burocracia es lenta y los acontecimientos se mueven muy rápido.
Entonces, a pesar de toda la inversión y toda la infraestructura técnica para censurar, el Gobierno chino no pudo detener la difusión de la noticia. Y en el caso de este tren, lo interesante fue que como había tanta furia por la incompetencia del ministerio, el Gobierno central tuvo que comenzar a criticarlo en público y en lugar de protegerlo lo acusó en respuesta a la opinión pública expresada a través de Sinaweb. O sea, la censura llegó tarde.
Gobiernos democráticos
Pero el peligro a la libertad de expresión y la Internet abierta no está solo de regímenes autocráticos represivos sino también de Gobiernos democráticos. En Estados Unidos, con la excusa de la lucha contra el terrorismo, se han visto durante los últimos 10 años o más, muchas pequeñas erosiones a la libertad de expresión.
En los sucesos violentos ocurridos hace semanas en Inglaterra hubo, de la parte de los revoltosos, un uso muy creativo de la Web social y la tecnología móvil, como el Messenger de Blackberry; por el otro, vimos al Gobierno británico reclamando la eliminación o restricción de esos canales de comunicación. Esa actitud no difiere mucho de las acciones de los Gobiernos de China o Egipto.
En la Argentina está el caso de los Wikimails. Un juez dio curso a un pedido del gobierno de bloquear dos sitios web: wikiMail.com y wikiMail.blogspot.com, este último un blog de bloggers alojado en la plataforma Google. Luego la Comisión Nacional de Comunicaciones trasladó esa orden a los ISP, y por lo menos un par de esos ISP la implementaron bloqueando los nombres de dominio. En algunos casos bloquearon la dirección IP del sitio web.
En cuanto a lo técnico, a los ISP les resulta más fácil bloquear una dirección IP que bloquear un nombre de dominio. Hay una cuantas razones técnicas para eso, pero como los ISP no están estructurados para la censura, lo más fácil cuando uno quiere bloquear un sitio es bloquear la dirección IP. El problema es que wikiMail.blogspot.com aloja 100 millones de blogs –es la plataforma de blogs más grande del mundo en este momento. Los ISP, para bloquear dos sitios web que no les gustan, les bloquearon a los clientes argentinos 100 millones de blogs por lo menos.
Lo curioso es que la cuenta de wikiMail en Twitter está constantemente enviando tweets que nos dicen en qué otras partes del mundo podemos encontrar esos e-mails. Reflejan el contenido en muchos lugares, muchos países, muchos sitios web. Entonces, para verdaderamente bloquear ese contenido en la Argentina, el juez tendría que haber emitido órdenes de bloquear todos esos otros sitios web. Y tal vez también bloquear Twitter para detener la difusión de esa información. El resultado real es que con esos intentos, los mails se vuelven más interesantes y los ve mucha más gente.
Son muchos los países donde se observa un esfuerzo por controlar el flujo de la información en el ciberespacio. A veces, en nombre de buenas razones: preservar a los niños, proteger la privacidad, mantener a la gente a resguardo de virus y gusanos informáticos o reforzar la seguridad. Pero mientras el problema está siempre en el plano de las aplicaciones, en la capa del contenido, y por eso es difícil de controlar, los Gobiernos buscan bloquear infraestructura, bloquear la dirección IP de un sitio que les ofende. Aunque lo pudieran hacer con precisión, tendrían en secreto en sus manos una peligrosa arma para imponer censura.
Fuente:
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