El falso pobre: ¡Alcahuete de los nuevos ricos, enemigo de los pobres de siempre!

Por Radar de los Barrios, 01/04/2012
Caricatura de sí mismo, el “falso pobre” intenta reavivar la polarización social para beneficiarse nuevamente de la polarización electoral. Dice entonces que “la burguesía nos odia y a los bancos los vamos a estatizar…”, pero le oculta al pueblo y sobre todo a sus seguidores que en ningún gobierno de los que ha padecido este territorio desde el Cacique Guacaipuro hasta hoy, nunca en la vida de este país el sector financiero había obtenido tan grandes ganancias como ahora. Y nunca como ahora, por cierto, los bancos –y muy especialmente los bancos estatizados- han maltratado tanto a sus atribulados clientes.
ALLA ÉL CON SU ODIO…
Eco desvaído de sí mismo, el “falso pobre” intenta volver a utilizar el odio social como sustituto barato de la Política con “P” mayúscula, esa que debe movilizar a los pueblos en procura de nuevos y mejores horizontes. Por eso vuelve a decir que “la gente que habita en el Este de Caracas vive ahí porque le robo a los pobres”… pero le oculta al pueblo y sobre todo a sus seguidores donde viven sus ministros, directores generales, testaferros, cuentadantes, aguantadores y demás fauna bolivarista, sujetos que hace apenas trece años eran pobres de solemnidad, exitosos en ningún negocio, fracasados en cuanto emprendimiento intentaron, sin calificación laboral ni trayectoria de trabajo conocida, y que hoy son propietarios de mansiones, aviones, yates y poseedores de haciendas especializadas en la cría de caballos pura sangre, entre otros atributos “revolucionarios”.
EL FALSO POBRE VS. LA SALUD DEL PUEBLO
Reflejo invertido de sí mismo, el “falso pobre” hace exactamente lo contrario de lo que pregona. Sus cuñas televisivas dicen que gracias a él todos los venezolanos gozamos de un sistema de salud de calidad… pero sus dolores ciertos y fingidos se los trata lejos, muy lejos, en un hospital cubano de lujo al que la inmensa mayoría de los cubanos no tiene acceso. En Venezuela nombró como Ministros de Salud a tres militares, ninguno de los cuales era médico. Durante esos mandatos el sistema de salud fue destruido. Una tóxica mezcla de ineficiencia y corrupción se encargó de “remodelar” hospitales que fueron derribados para “repararlos” y luego pasaron años en escombros, mientras que los Módulos de Barrio Adentro languidecían, cerrados muchos de ellos y otros trabajando a media máquina. Todo esto genera que el Estado realice una macro-negociación para garantizar que la burocracia estatal de rango medio sea atendida por la “odiada” medicina privada, mientras el pueblo llano sigue muriendo en centros de salud en los que en vez de dotación y personal lo que hay muchas veces es contaminación bacteriana e incursiones hamponiles.
EL FALSO POBRE VS. LA EDUCACIÓN DEL PUEBLO
Escarnio de su propio discurso, el “falso pobre” cerca, asfixia e intenta “volver polvo cósmico” la educación de calidad a la que aun tienen acceso los pobres verdaderos (desde las escuelas de Fe y Alegrías y las demás redes de escuelas de la Asociación Venezolana de Educación Católica AVEC, hasta las universidades autónomas, populares y democráticas) mediante el criminal expediente de negarles los recursos para que fallezcan de inanición, mientras que la alta burocracia gobiernera educa a sus hijos en colegios privados de excelencia y alto costo, para luego sacarlos a universidades del exterior. Los hijos del pueblo deberían conformarse con una educación chimba, “tapa amarilla”, de escasísima calidad, que da títulos pero no conocimientos, y cuyos egresados estarían en consecuencia condenados a conseguir empleo sólo en el mismo gobierno responsable de su mala formación, cerrándose así el círculo vicioso de la mediocridad como garantía de la dependencia.
EL FALSO POBRE Y SU OBSESION POR EL LUJO
El “falso pobre” usa trajes hechos a la medida y corbatas de seda, pero dice a sus seguidores que por mantenerlo a él en el poder bien vale la pena ir por la vida desnudos o en harapos. El falso pobre usa relojes que cuestan tres años del salario de un obrero, pero dice a sus seguidores que “todo su tiempo, su vida” les pertenece. El falso pobre se compró el avión más moderno del mercado, además lo remodeló para convertirlo en un palacio con alas, y cuando llega a sus destinos solo se aloja en hoteles de lujo (ahora lo hace en hospitales de lujo), pero dice a sus seguidores que tengan paciencia, que 13 años no han sido suficientes para reparar la Ciudad Vacacional Los Caracas. El falso pobre -falso en su pobreza y auténtico en su falsedad- sólo aparece para amenazar a sus adversarios por televisión, pero acusa a los demás de “terrorismo mediático”.
EL FALSO POBRE NO QUIERE A LOS POBRES VERDADEROS… ¡PERO SI NOS NECESITA!
El “falso pobre” nunca fue un pobre real: En el pueblito de su infancia, su hogar era uno de los muy pocos donde entraban dos sueldos del Estado, lo que convertía a su familia –si utilizamos la nomenclatura marxista- en integrante de la “pequeña burguesía rural”. Su padre llegó a ser alto funcionario gubernamental en su estado natal durante el mismo gobierno que decretó aquel Viernes Negro, al que tanto provecho le ha sacado luego. A pesar de haber manejado la mayor cantidad de dinero que ningún gobernante venezolano ha administrado nunca, de haber manejado la mayor cantidad de poder que ningún mandatario (sólo con la excepción de Juan Vicente Gómez) haya concentrado jamás, y de haber estado en el mando supremo más tiempo que ninguno de sus antecesores (también con la solitaria excepción gomecista), el falso pobre no ha logrado resolver el drama de la pobreza verdadera. Y no lo ha hecho porque, además de que no sabe hacerlo, la verdad es que tampoco le interesa: El no quiere que en Venezuela no haya pobres. Por el contrario, él necesita que seamos pobres, y que dependamos de él económicamente, y que solo escuchemos los mensajes que él emite, para asegurarse el control sobre nuestras vidas y nuestras opiniones. Por eso quiere acabar con la empresa privada, para que los únicos empleos que existan sean los que el maneja desde el gobierno, y por eso quiere acabar con la educación libre y con los medios independientes, para que la única voz que escuchemos sea la de la propaganda oficial.
Ese es el falso pobre: Alcahuete de los nuevos ricos, y enemigo en la práctica de nosotros, los pobres de siempre. Ese es el politiquero al que los pobres verdaderos vamos a derrotar, y lo vamos a hacer precisamente porque queremos dejar de ser pobres, y para eso necesitamos vivir en un país que funcione, es decir, un país donde todos tengamos empleo en vez de “resuelve”, donde todos tengamos vivienda en vez de promesas, donde todos tengamos seguridad en vez de miedo, un país sin apagones, con agua limpia en los grifos, y con calle limpias y no llenas de basura. Ese país de progreso que el falso pobre no pudo, no supo, ni quiso construir.
¡Pa’lante es pa’lla!
Nota del Editor: Salvo la primera gráfica, todas las demás ilustraciones son capturas de pantalla de un reportaje presentado en el noticiero de la red Univision. Tal reportaje puede verlo siguiendo este enlace: http://bit.ly/GDO3p8
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