Solidaridad y subsidiaridad


Por Mons. Ovidio Perez Morales, 16/01/2012
Boletín 73 AIPOP

Hay dos principios básicos en lo referente a la construcción “de una “nueva sociedad, es decir, de una convivencia humana a la altura de la dignidad, derechos y deberes de hombre: solidaridad y subsidiaridad. Han sido asumidos, por tanto, como elementos fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II definió la solidaridad como “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común”. Lo hizo en una importante encíclica social titulada Sollicitudo rei socialis (No. 20).

La solidaridad viene a ser “una consecuencia de la naturaleza social del ser humano, así como de la igualdad fundamental entre las personas”. Al afirmar esto, el Concilio Plenario de Venezuela expresó lo siguiente: “La práctica de la solidaridad y la búsqueda del bien común, al promover el respeto y la defensa de cada ser humano, serán un impulso para la participación de todos los venezolanos en la vida económica y en el ámbito político” (La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad, 105).

El principio de solidaridad, enraizado en la condición social de la persona humana, recibe ulterior iluminación desde el “mandamiento nuevo y máximo” de Jesús, el amor. Este debe ser entendido como hermoso y exigente dinamismo que se expresa en el relacionamiento humano en términos de respeto mutuo, justicia, fraternidad y sensibilidad hacia todo prójimo, pero especialmente hacia el más desvalido y vulnerable. Así para la edificación de una “nueva sociedad”, no basta, entonces, que ésta sea justa, sino que se teja también con solidaridad.

Con respecto al otro principio básico, el de la subsidiaridad, el citado documento del Concilio Plenario dice lo siguiente: “Este principio exige que las personas, las familias y las comunidades pequeñas o menores, conserven su capacidad de acción ordenándola al bien común, y que el Estado y las diversas ramas de éste, realicen sólo lo que aquellas no están en capacidad de ejecutar” (CIGNS 106).

La subsidiaridad se sitúa en las antípodas de una concepción estatizante de la sociedad y constituye una expresión concreta de la participación en la convivencia social. En la organización nacional el principio de la subsidiaridad plantea la necesidad de una efectiva descentralización, evitando así una concentración excesiva del poder, que bloquea, asfixia, la contribución real de los ciudadanos y de los cuerpos intermedios en que éstos se agrupan y permitiendo, en cambio, la construcción libre y corresponsable de una sociedad participativa, de una auténtica democracia genuinamente. Se logra así un protagonismo compartido.

Publicado por:
http://www.aipop.org/site/modules/mydownloads/singlefile.php?cid=19&lid=179

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