Archivos del mes: 21 enero 2010

Los peligros de un gobierno de comiquita / Valdimiro Mujica


Las evidencias se apilan para condenar al gobierno chavista como probablemente el más corrupto e inepto de nuestra historia republicana. El calificativo que circula en estos días en Venezuela, es que se trata de un gobierno de comiquita. Para quienes desconozcan el término, comiquita se llama en venezolano a los “comics”. Es decir, el gobierno está a nivel de una historia de Mickey Mouse o del Pato Donald. Tal dureza en la calificación del régimen está determinada por el último episodio donde una noche cualquiera Chávez anunció casi a hurtadillas en VTV el racionamiento de electricidad en Caracas, y tan solo dos días después lo suspendió y despidió al ministro del ramo. El asunto llamaba no sólo a risas sino a una gran furia contenida que se expresó en todas las mediciones de opinión en Caracas y que fue en definitiva lo que abortó la medida.

El informe de Corpoelec, el ente público de energía eléctrica, que motivó la así llamada “Dieta energética” como la llamó cínicamente Chávez es una pieza cantinflérica y ramplona de ejercicio pseudo-técnico que le atribuye a causas naturales, que llueva o no llueva, la irresponsable piratería e improvisación de las decisiones gubernamentales en materia energética. El GDC (Gobierno de Comiquita) cuenta con legiones de técnicos que saben y no pueden hablar porque los despiden o que no saben y ejercen igualmente por compromisos políticos. A estos se les unen los escaladores y corruptos de oficio para conformar una legión de incapaces en cuyas manos está la administración pública venezolana.

Pero la incompetencia del GDC tiene importantes excepciones. El manejo de la represión está en manos muy capaces, lo mismo que el espionaje y el control de las fuerzas armadas. Igual cosa cabe afirmar del excelente manejo que hace el GDC de la desinformación y la manipulación de la opinión pública tanto en Venezuela como en el extranjero. En verdad, uno se queda boquiabierto ante la audacia de Chávez y su gabinete para atribuirles sus culpas a enemigos reales o imaginarios creados a tales efectos. Por supuesto que los sospechosos habituales de cualquier daño a la revolución son “el imperio norteamericano y la oposición apátrida” pero últimamente han tenido que recurrir a fenómenos naturales como El Niño para explicar lo inexplicable.

Resulta pues que no hay que confundirse. El GDC es eficiente, y mucho, en todo lo que le interesa a los fines de garantizar la permanencia del chavismo en el poder. De hecho, mucha gente piensa, yo entre ellos, que si bien uno no puede descartar la estulticia en el catastrófico desempeño del régimen chavista, la destrucción de las condiciones económicas, culturales y sociales que generan pensamiento adverso a la revolución, es decir, la Venezuela que nosotros hemos conocido, es un interés estratégico del chavismo. Puestos a escoger entre el bienestar de la gente y la permanencia en el poder, el chavismo siempre escogerá lo segundo. Esta es la razón de fondo por la que es necesario siempre preguntarse como beneficia un específico desastre o calamidad a los intereses políticos del chavismo antes de atribuir todo a la piratería del GDC.

En el camino, va quedando un país a jirones cuya reconstrucción será un proceso muy complejo cuando lleguemos a salir de esta catástrofe. Bajo las condiciones de la democracia puntofijista ya Chávez habría cumplido dos períodos constitucionales. En otros tiempos, la inepcia supina y la corrupción del GDC habrían desatado una presión importante para que el gobierno renunciara. Pero nada de eso va a ocurrir de manera espontánea y por eso es crucial que la oposición democrática aproveche esta oportunidad para que las venideras elecciones a la Asamblea Nacional se conviertan, en la práctica, en un referendo sobre la permanencia de Chávez en el poder.

Que el GDC sabe a lo que se expone es evidente vista la cantidad de marramuncias que se cocinan en el Consejo Nacional Electoral para manipular la voluntad popular y consagrar el dominio de la minoría chavista sobre la mayoría del país. Pero lo importante es que se entienda que para aprovechar la oportunidad de la impopularidad creciente de Chávez es necesario articular una estrategia electoral ganadora que incluya a la oposición tradicional, a los ni-ni y al chavismo descontento. Nada de esto pasará si no se articula una propuesta política con un nuevo ejercicio de movilización en la selección de candidatos que permita la incorporación de dirigentes sociales y de los sectores descontentos del chavismo.

El GDC comete abuso tras abuso y se ahoga en su propia incompetencia y corrupción. Pero no hay tiempo para burlas y chanzas. La criatura chavista tiene todavía incontables recursos y hay que cobrarle sus errores políticos de manera decidida. Probablemente no habrá ningún Armagedon, ninguna confrontación final entre el bien y el mal, pero la paciencia para que florezca una solución democrática a este desastre de más de una década tiene que acompañarse de aprovechar las oportunidades.