Archivos del mes: 12 noviembre 2009

Los exiliados / Eddie A. Ramírez S.


La acepción generalizada es que el exilio o destierro es por razones políticas y que quienes se alejan de su país por falta de oportunidades son emigrantes. En Venezuela, la realidad es que casi todos quienes abandonan la que se llamó Tierra de Gracia lo hacen porque nuestros últimos gobiernos castraron las posibilidades de desarrollo. El país tiene recursos y requiere de mano de obra, pero la ineptitud de los gobiernos desde Lusinchi, CAPII y Caldera II, y la destrucción ex profeso que lleva a cabo el teniente coronel, han obligado a nuestros jóvenes a emigrar. Esta situación se ha agudizado durante el régimen del teniente coronel por el apartheid derivado de las listas de Tascón y por la inseguridad personal y jurídica.

¿Acaso no son exiliados los jóvenes profesionales que requiere el país, pero que no consiguen empleo por la mentalidad conuquera del régimen? ¿Acaso no son exiliados los trabajadores petroleros y otros ciudadanos que tienen prohibición de laborar en empresas del Estado e incluso en empresas privadas que tienen relaciones con el Estado? ¿Acaso no son exiliados quienes se expatriaron por la inseguridad personal, derivada de la protección al hampa de aquellos que también son hampones? ¿Acaso no son exiliados los que se fueron a invertir en el exterior porque aquí no hay seguridad jurídica? Menos mal que muchos países han entendido nuestra situación y han otorgado asilo a venezolanos que lo han solicitado, incluso sin tener antecedentes de persecución policial.

Los exiliados más conocidos por la opinión pública están injustamente perseguidos por jueces y fiscales genuflexos que obedecen órdenes de Miraflores. Cabe recordar, entre otros a Pedro Carmona, a quien tanto el régimen, como muchos opositores achacan hechos que no están claros y que en todo caso él podría responder en Venezuela si tuviese garantía de respeto al debido proceso. Innumerables militares, entre ellos Rosendo, Comisso Urdaneta, Ramírez Pérez, Pereira, González, Medina, Colina, tienen órdenes de captura a pesar de no haber cometido ningún hecho punible. Al combativo dirigente Carlos Ortega lo sentenciaron por supuesta insurrección, solo por su conducta inflexible y poder de convocatoria; a Carlos Fernández, hoy olvidado por muchos, lo culpan por haber llamado a una huelga, convocatoria que hicieron muchos otros actores; a Patricia Poleo tenían que intentar limitarle su radio de acción, lo cual no han logrado; Oscar Pérez debe comer el duro pan del exilio por su entusiasmo en organizar marchas pacíficas de protesta; a Nixon Moreno tenían que coartarle su liderazgo entre los jóvenes; a Manuel Rosales tenían que perseguirlo para evitar que aglutinara a la oposición; a Didalco y a Manuitt no le perdonan haber manifestado que no seguían apoyando al autócrtata lenguatón. Disculpen muchos otros, pero la lista sería interminable.

Mis compañeros de Gente del Petróleo, entre ellos Horacio Medina, Juan Fernández, Edgar Quijano, Edgar Paredes, Juan Santana y Lino Carrillo, tuvieron que exiliarse porque les dictaron órdenes de captura por haberse sumado a una huelga convocada por todos los partidos políticos de oposición, por la CTV y Fedecámaras y que apoyamos miles de venezolanos. Los citados están imputados por diferentes causas, pero todos tienen en común que estarían dispuestos a regresar si les garantizan un proceso justo, lo cual es imposible por la inexistencia de principios y valores de “los jueces del horror”. Seguramente, también podrían regresar muchos de nuestros jóvenes si se dan las condiciones. Tanto para unos como para otros, las condiciones de una vuelta a la patria pasa por la salida constitucional del teniente coronel. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Historias de resistencia / Vladimiro Mujica


Los nuevos escribidores de la historia latinoamericana, insisten en rebautizar el 12 de Octubre como el Día de la Resistencia Indígena. Tal despropósito no solamente no tiene ningún asidero histórico, sino que transforma un hecho complejísimo de encuentro de dos culturas, cargado de violencia y de transferencias de un lado a otro del océano en una monserga plagada de banalidades y de referencias al mito del buen salvaje que vivía en una especie de paraíso tropical que vino a ser trastocado por los europeos. Únase a eso la otra fábula que pretende presentar a Venezuela como una especie de entidad afro-americana. Los propios creadores de esta nueva y confusa cosmogonía, introducen profundas contradicciones en su pócima ideologizada disfrazada de nueva historia.

La pretensión de ignorar nuestro ancestro europeo y universal se tropieza con varios obstáculos insalvables, entre ellos el hecho insólito de que pretenden escribir la nueva historia en el lenguaje de los conquistadores. La prédica sobre nuestra condición de supuesto pueblo negro e indio se escribe en el idioma de los “bwanas” blancos. Un mínimo de credibilidad y rigor exigiría que el argumento se escribiera en pemón o en swahili, no en español.

Una de nuestras grandes contribuciones a la condición humana, el mestizaje, es ignorado en esta vacua y estólida versión de nuestra historia. Que el mestizaje fue en buena medida producto de la violencia, no puede ni debe ser ignorado. Que la óptica euro-centrista sobre que lo ocurrido fue el “Descubrimiento” de América no corresponde a la verdad de los hechos sino a la versión de los vencedores. Pero nuestra historia escrita tomando como eje la resistencia indígena es una distorsión mayúscula de los hechos. Una nación que quisiera verdaderamente encontrar su identidad debería hacerlo a través del análisis descarnado de los hechos históricos y no recurriendo a la distorsión ideologizada de la historia. Pero recordemos siempre que el objetivo superior del chavismo es mantenerse en el poder, y si a ello contribuye reescribir la historia, pues así se hará.

A los venezolanos nos corresponde conocer nuestra historia, reconocer el valor de nuestros indios y sus contribuciones a nuestra cultura. También aprender la historia de nuestra negritud y lo que ella nos trajo a pesar de estar basada en el horrendo comercio de seres humanos. Y asimismo reconocer nuestras raíces europeas. Sentirnos cómodos en nuestra mezcla cultural y no extranjeros en nuestra propia piel. Los venezolanos poco tenemos que aprender de la distorsión de la historia de la resistencia indígena que pretenden los escribidores del chavismo. Sin embargo tenemos que aprender, y mucho, de otras historias de resistencia, mucho más recientes, y que podrían terminar por guiarnos en el camino de salir de quienes pretenden ser los nuevos amos del país.

España, 1977, recién comenzaba su tránsito hacia la democracia después de la noche franquista, tras bastidores se negociaba una compleja operación política que concluiría en los Pactos de la Moncloa, un acuerdo entre el gobierno, los partidos políticos con representación parlamentaria, los sindicatos y las asociaciones empresariales que sería esencial para permitirle oxígeno a una incipiente estabilidad institucional.

Chile, 1988, luego de quince años de dictadura pinochetista se comienza finalmente a gestar una transición hacia la democracia, con un acuerdo denominado La Concertación que permitiría derrotar al Dictador en un referendo cargado de ventajismo pero cuyos resultados finalmente no pudieron ser ignorados.

Serbia, 2000, una alianza liderada por el movimiento estudiantil OTPOR (Resistencia) logra finalmente la unidad de las fuerzas opositoras al tirano Milosevic y le produce una derrota en un referendo que eventualmente determina su salida.

Movimientos y alianzas políticas de signo diferente, en muy diversos momentos históricos, pero que recogen una enseñanza común: Es posible vencer el miedo y dar al traste con gobiernos autoritarios que en su momento parecían invencibles. La receta, por supuesto, no es única, pero es innegable que el movimiento de resistencia venezolano tiene mucho que aprender de estas experiencias exitosas de recuperación de la democracia.

Ya próximo a cumplir diez años en el poder, el chavismo es su propio pasado. A pesar de los intentos del régimen por recurrir al manido argumento de la IV República y los cuarenta años perdidos, y todo el repertorio de fábulas revolucionarias, es innegable que su desgaste avanza día a día. En buena hora Simón Bolívar comandó el ejército libertador y en mala hora Hugo Chávez comanda el ejército de la oscuridad que pretende hacernos un país de amos y esclavos. Vienen tiempos de oportunidad si logramos combinar espacios electorales, las elecciones a la Asamblea Nacional, con la protesta popular y la sabiduría de una dirección política a la que ya le toca aprender de todos nuestros pasados errores.

¿Cómo hacer que escuchen quiénes tienen que escuchar y actuar? Ahí están a nuestra disposición tres experiencias históricas distintas que terminaron por estar signadas por la misma decisión conjunta que unió a fuerzas sociales con partidos políticos. De esa confluencia tienen que salir no solamente los candidatos a la AN sino el programa de acción que pueda armar una alternativa realista al chavismo.