Publicaciones de la categoría: Responsabilidad Social

Solidaridad y subsidiaridad


Por Mons. Ovidio Perez Morales, 16/01/2012
Boletín 73 AIPOP

Hay dos principios básicos en lo referente a la construcción “de una “nueva sociedad, es decir, de una convivencia humana a la altura de la dignidad, derechos y deberes de hombre: solidaridad y subsidiaridad. Han sido asumidos, por tanto, como elementos fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II definió la solidaridad como “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común”. Lo hizo en una importante encíclica social titulada Sollicitudo rei socialis (No. 20).

La solidaridad viene a ser “una consecuencia de la naturaleza social del ser humano, así como de la igualdad fundamental entre las personas”. Al afirmar esto, el Concilio Plenario de Venezuela expresó lo siguiente: “La práctica de la solidaridad y la búsqueda del bien común, al promover el respeto y la defensa de cada ser humano, serán un impulso para la participación de todos los venezolanos en la vida económica y en el ámbito político” (La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad, 105).

El principio de solidaridad, enraizado en la condición social de la persona humana, recibe ulterior iluminación desde el “mandamiento nuevo y máximo” de Jesús, el amor. Este debe ser entendido como hermoso y exigente dinamismo que se expresa en el relacionamiento humano en términos de respeto mutuo, justicia, fraternidad y sensibilidad hacia todo prójimo, pero especialmente hacia el más desvalido y vulnerable. Así para la edificación de una “nueva sociedad”, no basta, entonces, que ésta sea justa, sino que se teja también con solidaridad.

Con respecto al otro principio básico, el de la subsidiaridad, el citado documento del Concilio Plenario dice lo siguiente: “Este principio exige que las personas, las familias y las comunidades pequeñas o menores, conserven su capacidad de acción ordenándola al bien común, y que el Estado y las diversas ramas de éste, realicen sólo lo que aquellas no están en capacidad de ejecutar” (CIGNS 106).

La subsidiaridad se sitúa en las antípodas de una concepción estatizante de la sociedad y constituye una expresión concreta de la participación en la convivencia social. En la organización nacional el principio de la subsidiaridad plantea la necesidad de una efectiva descentralización, evitando así una concentración excesiva del poder, que bloquea, asfixia, la contribución real de los ciudadanos y de los cuerpos intermedios en que éstos se agrupan y permitiendo, en cambio, la construcción libre y corresponsable de una sociedad participativa, de una auténtica democracia genuinamente. Se logra así un protagonismo compartido.

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http://www.aipop.org/site/modules/mydownloads/singlefile.php?cid=19&lid=179

Venezuela cierra el 2011 con 650,000 adolescentes embarazadas


Por Radar de Los Barrios, 17/12/2011

El Capítulo V de Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, especialmente los artículos que van del 75 al 89, tienen un conjunto de disposiciones claramente orientadas a proteger activamente los derechos de las familias y, de manera destacada, de nuestros niños, niñas y adolescentes. Si a esas disposiciones sumamos lo contenido en instrumentos como la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente (la famosa LOPNA), la Ley de Protección a la Familia, la Maternidad y la Paternidad y sobre todo la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, cualquiera se puede explicar porque en toda América los expertos en derecho y jurisprudencia dicen que Venezuela tiene el mejor marco normativo para enfrentar y luchar contra el embarazo adolescente.

Ahora veamos lo que ocurre en la realidad: El Centro Latinoamericano Salud y Mujer señala que una de cada cinco mujeres venezolanas embarazadas es adolescente. Los más “recientes” datos registrados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Venezuela muestran el crecimiento de la tasa de embarazo en adolescente en datos porcentuales, que para el año 2003 era de 21,71% y para 2007 alcanza 23,06%, lo que representaba para ese año en términos absolutos unas 612.281 adolescentes embarazadas. De mantenerse esa misma tasa de crecimiento en el periodo 2007-2011, Venezuela cierra el año en curso con una tasa de embarazo adolescente de 24,41%, igual a 648.126 madres con edades que oscilan entre los 10 y los 19 años. Si tomamos en cuenta que según el Centro Latinoamericano de Demografía el porcentaje anual de nacimientos de madres adolescentes en la región es cercano al 20%, cualquiera se puede explicar porque en toda América los expertos en población y demografía dicen que Venezuela tiene el peor desempeño en toda la región en materia de lucha contra el embarazo adolescente.

¿Por qué esta diferencia abismal entre el dicho y el hecho? La respuesta es sencilla: La realidad está determinada no por lo que dicen las leyes, sino por cómo vive la gente. Y el modo de vida concreto de la gente está a su vez definido (vamos a decirlo en marxista, para que el Presidente lo entienda) por condiciones “objetivas y subjetivas”, esto es, por condiciones materiales de existencia y por los principios y valores que orientan y enmarcan esa existencia.

Las condiciones materiales de existencia de TODOS los venezolanos, independientemente de su sector social o nivel de ingreso, están signadas por el hacinamiento. Cuando el Presidente Chávez llegó al Gobierno el déficit bruto de viviendas estaba por el orden de 1,8 millones de unidades. 13 años después tal déficit llega a casi 3,7 millones de viviendas, si damos como buenas las cifras conclusivas de la 3ra “oleada” del registro de la “Gran Misión Vivienda Venezuela”. La primera de las medidas con que la población ha enfrentado este déficit de vivienda (grave ya en 1998, monstruosamente grave en 2011) ha sido con el “crecimiento interno” de las viviendas. Dicho en pocas palabras, los muchachos crecen, se casan o “arrejuntan”, y como no tienen donde vivir se quedan con su pareja y sus hijos en la casa de los padres. En la clase media, las casas o quintas se subdividen en mini-apartamentos o “anexos”. En las llamadas urbanizaciones populares, como Caricuao, 23 de Enero, Lomas de Urdaneta o Paulo VI, cada “cuarto” se transforma en la “casa” de una familia distinta, y todos comparten como “áreas comunes” cocina, baño y la salita-comedor.

En los barrios con muchísima frecuencia las viviendas ni siquiera poseen paredes, y la intimidad de parejas y familias que comparten una misma casa apenas es resguardada por una “cortina” o un improvisado tabique de cartón, madera o bolsas de plástico negro, de las usadas para botar basura, pegadas con “tirro”. Las “condiciones materiales de existencia” de la determinante mayoría de los venezolanos están signadas por el hacinamiento, que es la antesala de la promiscuidad, que a su vez es uno de los componentes claves de ese mal social que es el embarazo adolescente.

Es mucho lo que podríamos escribir acerca del marco de valores y principios que contextualiza estas degradadas (y degradantes) condiciones materiales de existencia de los venezolanos del Siglo XXI. Pero concentrémonos en el tema del machismo. Es cierto, machismo hemos tenido siempre. Solo que ahora lo tenemos en el Poder. El militarismo no es otra cosa que un machismo de uniforme.

Y el ejercicio del poder tiene unas responsabilidades pedagógicas que cuando no son asumidas tienen un efecto desastroso sobre la colectividad: Si en vez de tener en el poder a un amoroso padre de familia tenemos a un “sin familia”; Si en vez de tener en el poder a alguien que respeta y hacer respetar la ley tenemos a un sujeto que se manda a hacer leyes a la medida; Si en las cercanías del poder hemos visto a sujetos acusados de ser violadores contumaces, como Gadaffi u Ortega, ¿Cual es la moral pública en que se levantan nuestros niños, nuestros adolescentes…?

Porque, por cierto, el problema del embarazo adolescente no es un “asunto femenino”. Existen niñas preñadas porque hay adolescentes y jovencitos que preñan. Y si esos jovencitos creen que andar preñando por ahí los convierte en unos “vergatarios”, es decir, los asemeja a la arbitrariedad de las figuras de poder, en un país en el que decirle “hijueputa” a cualquiera no es una falta y en el que invadir lo ajeno ya no es delito, entonces es mucho el trabajo que como sociedad tenemos por delante…

Y así es. Es mucho lo que hay que hacer para acabar con el embarazo adolescente. Los subsidios directos nunca estarán demás, para atender problemas puntuales y emergencias. Pero para atender los problemas estructurales hay que acabar con el hacinamiento y la promiscuidad como realidades dominantes en el paisaje físico, y con el machismo y la arbitrariedad como antivalores dominantes en el paisaje moral. Hay que convertir en condominios populares los barrios de toda Venezuela, en vez de seguir ranchificando al país. Hay que tener en el poder no solo a “dirigentes” sino a referentes que proyecten virtudes como el respeto y la convivencia, en vez de caudillos que intoxiquen promoviendo el irrespeto y el insulto.

Es mucho lo que hay que hacer. Lo bueno es que, como país, estamos avanzando. Por muchas “cadenas” que hagan los líderes negativos, por mucho que pretendan convertir en pretextos electorales las desgracias del país, Venezuela avanza, paso a paso, en la construcción de un futuro distinto, en el que se cumpla lo que dijo aquel presidente verdaderamente revolucionario, el civil y civilista Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”

¡PA’LANTE!

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http://elradardelosbarrios.blogspot.com/2011/12/venezuela-cierra-2011-con-650-mil.html

Los gremios económicos y la pobreza

Por Orlando Cabrera Eleizalde, 13/10/2011

¿Tienen responsabilidad los gremios empresariales venezolanos en el crecimiento de la pobreza?

La pregunta puede parecer retadora y peor aún, de un accionar posiblemente controvertido, para quien como yo considera que el progreso y bienestar de una sociedad se debe alcanzar mediante una Economía de Mercado con un Estado facilitador y controlador eficiente. Si queremos darle un apellido que defina la libertad económica que infiere, y la adecuada distribución de la riqueza que persigue, podemos definirlo más apropiadamente como una “Economía Social de Mercado”.

Debo aclarar que la pregunta no es exclusiva de intelectuales y estudiosos del fenómeno social, o tema de investigación para satisfacer inquietud académica o descubrir responsabilidades compartidas. Es en estos años recientes, motivo de reflexión y controversia en todos los estratos sociales. Todos se preguntan qué razones han privado en un país como Venezuela, destinado por la naturaleza y su cultura histórica a ser un país de progreso y bienestar, para convertirse, en decir de muchos, en una sociedad fracasada.

Para el venezolano común, ese que no entiende porque su vida se consume en el marco de la pobreza, la pregunta que nos conmina no tiene sentido. No comprende cómo las instituciones públicas y privadas lo han abandonado a tal extremo, que no encuentra un camino para la esperanza. En su pasiva impotencia observa como la infraestructura física y la estructura humana en su país, se ha deteriorado en sentido inverso a la riqueza que aprecia en las élites de poder.

¿Es entonces una falacia que los Empresarios pueden optar por el pobre?. Pienso que no. Estoy convencido de que los empresarios no solamente pueden optar por el pobre, sino que deben hacerlo, de lo contrario la pobreza los alcanzará inexorablemente. Seguramente que para muchos empresarios la pregunta les resultará molesta, porque pone en duda una de sus convicciones más profundas, o porque les duele saber que no gozan con frecuencia de credibilidad. No obstante, a la opción preferencial por los pobres no se le puede restar la seriedad que tiene su importancia y la sinceridad que requiere su compromiso social, al margen de todas las ideologías con que frecuentemente se le ha presentado.

PAPEL HISTORICO DE LAS ORGANIZACIONES DE EMPLEADORES

El papel que les ha tocado interpretar a las Cámaras empresariales en el mundo ha cambiado con el paso del tiempo. Las modificaciones del entorno, al cual han influenciado y contribuido a modificar, han producido sobre ellas efectos muy variados. En particular en esta última década, las empresas se han enfrentado a un proceso de globalización que las afectó en su funcionamiento y en las raíces mismas de su existencia.

La globalización promovida por los estados ha generado una competencia que ha puesto en tela de juicio la capacidad de las empresas para ser competitivas, y cada día se desmonta el proteccionismo que tanto daño la ha hecho a las economías locales. La generación de riqueza ha estado precedida por una propensión indolente de riqueza individual, llena de privilegios que generan exclusión y desigualdad social.

Venezuela no escapa a esta situación. Sin embargo la empresa local ha estado inmersa (salvo muy contadas excepciones) en varios paradigmas, que no ha logrado superar y que le impide competir exitosamente en el ámbito universal. Ello se expresa en la concepción de sus organismos gremiales. Comentemos los tres principales:

• Absoluta dependencia del Estado protector para su funcionamiento y desarrollo. Es decir adosada al Estado Rentista, algunas veces con agrado. Es más fácil competir con privilegios que hacerlo en libertad.

• Concepción equivocada de su responsabilidad social. Las organizaciones gremiales empresariales además de promover la competencia ética en los negocios, deberían tener una visión clara de cuál es la vía que las conecta y posiciona favorablemente en el entorno social que sirven.

• La confusa definición de su rol vs el papel del Estado, y la necesidad de visualizar mediante un escenario situacional el comportamiento futuro de la sociedad.

La Asociaciones empresariales, han basado históricamente su accionar en la defensa de los intereses de sus afiliados con un marcado énfasis sectorial. Según varios trabajos realizados por investigadores de renombre como Markus Pilgrim, Ralf Meier, Virgilio Levaggi de la OIT o Forrest Colburn, las organizaciones empresariales presentan rasgos comunes y siguen tendencias que las ubican a la zaga de la evolución social.

A partir de este último aspecto, tanto la Organización Internacional del Trabajo como la Organización Internacional de Empleadores, abren la clasificación entre asociaciones empresariales y asociaciones de empleadores. No es un problema de semántica. Son diferentes los objetivos a alcanzar y la misión a cumplir en la sociedad.

En general a las asociaciones empresariales se las ha visto como grupos de presión creados por las empresas para obtener representación ante los poderes públicos, en lo que consideran la legítima defensa de sus intereses económicos. Esta posición equivocada ha contribuido de manera importante, en Venezuela, a la consolidación del Estado Protector.

Las asociaciones de empleadores incursionan en el campo laboral, tratando de proteger no solo los intereses de las empresas, sino también el empleo decente y estable, que promueva el progreso de los trabajadores. El concepto de Trabajo Decente fue identificado por la OIT (gobiernos y organizaciones de empleadores y trabajadores), como un objetivo del desarrollo de los pueblos. Se basa en el reconocimiento de que el trabajo es fuente de dignidad personal, estabilidad familiar, paz en la comunidad, democracias que actúan en beneficio de todos, y crecimiento económico, que aumenta las oportunidades de trabajo productivo en el marco del desarrollo de las empresas.

Responsabilidad Social Empresarial: mitos, evolución y realidades.

Entender el alcance de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y explicar las diferentes tendencias en su concepción, escapa a este escrito. Es lógico que de esta discusión surjan planteamientos de fondo que busquen dar respuesta a preguntas tales como: ¿Por qué una empresa tienen que ser socialmente responsable?, ¿Qué razones o fundamentos dan sustento a la RSE? o sencillamente ¿Cómo una empresa debe actuar de manera socialmente responsable? Esta realidad, más allá de ser una tendencia de moda, ha centrado la atención durante gran parte del siglo XX hasta la actualidad, en entender la evolución del concepto en el tiempo, analizando sus implicaciones en cada momento histórico, con el fin de esclarecer el concepto de RSE en medio de las circunstancias actuales de un mundo globalizado.

Nos limitaremos a señalar que la primera y natural responsabilidad de una empresa en toda sociedad es atender sus necesidades y requerimientos de bienes y servicios. Sin embargo, esta misión no puede estar divorciada del bienestar de sus trabajadores. Si aceptamos como válida la máxima de que no hay “Empresas sin trabajadores ni trabajo sin Empresas”, tenemos que llegar a la necesaria conclusión de que una empresa debe ser capaz de preocuparse por:

• La capacitación y entrenamiento de sus trabajadores.
• De su seguridad social actual y futura
• De que pueda adquirir un vivienda digna
• De que tengan igualdad de oportunidades en la educación de sus hijos
• De su compromiso con la familia, la empresa y la sociedad.

Es decir, no podemos hablar de responsabilidad social, si los trabajadores de las empresas viven en condiciones de marginalidad y pobreza. El tejido social que genera la comunidad empresarial, primera empleadora en el ámbito universal, es la gran responsable del progreso y bienestar de la sociedad que integra.

En ese orden de ideas, podemos decir que las organizaciones gremiales empresariales son tan o más responsables de la pobreza en Venezuela, que el Estado, cuya principal función estriba en atender las necesidades del bien común. Su entropía es responsabilidad de ambos.

La necesidad de vincular la responsabilidad social de la empresa con cada una de las fases que se articulan en la cadena de valor, se fortalece con la afirmación de que la responsabilidad social más estratégica, se concreta cuando una empresa añade una dimensión social a su propuesta de valor, es decir, cuando convierte el impacto social en una parte sustantiva de su estrategia.

Publicado por:
http://www.ecosocial21.com/los-gremios-economicos-y-la-pobreza.html

De la responsabilidad social a la responsabilidad individual


Por Oscar Meza

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el tema de la responsabilidad social, referido principalmente a las empresas privadas. Y de entrada, debemos reconocer que en nuestro imaginario la idea que tenemos de la responsabilidad social se corresponde con los operativos domingueros de siembra de árboles en El Ávila, la recolección de basura en las playas del litoral en el día de las playas y la distribución de bolsas con el logo de la empresa patrocinante del operativo y algún mensaje ambientalista, más bien publicitario. Pareciera una moda empresarial sin mucha creatividad ni compromiso.

Creemos que la responsabilidad social debería ser, en primer lugar, fabricar buenos productos y prestar buenos servicios al mejor precio posible. Un ejemplo contrario es producir jabones “azules” que duran menos y cuestan más, cuando se comparan con la durabilidad y el precio que antes tenían. Calidad y productividad para garantizar precios razonables deberían ser la parte sustantiva de cualquier operativo de responsabilidad social por parte de las empresas.

Lo mismo puede decirse de las empresas que prestan servicios como el Metro de Caracas, otrora orgullo de la gerencia pública venezolana, hoy venido a menos. O del servicio eléctrico, también de gran calidad, eficiencia y confiabilidad, cuando lo prestaba la Compañía Anónima la Electricidad de Caracas, de capital privado –la conocida EdeC-, hoy igualado en calidad al nivel de la mediocre gerencia del gobierno.

Responsabilidad social es asumir los problemas sociales, políticos y ambientales del entorno en el que se desenvuelve la empresa, puesto que la reducción, el control o el incremento de los mismos, terminan afectando su gestión. Por ejemplo, una tasa de homicidios de 57 por cada 100.000 habitantes afecta el desempeño empresarial, no sólo por la inversión creciente en materia de seguridad sino por el efecto emocional que significa para gerentes y trabajadores convivir todos los días con la amenaza de la violencia criminal en sus múltiples manifestaciones: asaltos, hurtos y robos, homicidios, violaciones y secuestros, “balas pérdidas” y ajustes de cuenta, que al final del día desestimulan la inversión, el trabajo y, sobre todo, la esperanza de vivir y progresar.

¿Pueden aislarse los empresarios de este entorno hostil? No se han podido librar de él, como no nos hemos podido escapar los demás ciudadanos de esta atormentada república bolivariana.

¿Qué responsabilidad social tienen, por ejemplo, las empresas que producen o importan bebidas alcohólicas en el aumento del alcoholismo y sus consecuencias sociales y criminales? ¿Qué hacen al respecto? Más allá de las frases hechas de los avisos publicitarios que promocionan las bebidas. ¿No podrían, por ejemplo, ser más responsables socialmente en el diseño de las campañas publicitarias y no sólo invitar al jolgorio permanente sino al disfrute con responsabilidad individual y social? Por supuesto que pueden.

Se trata de que la responsabilidad social deje de ser una moda y se incorpore a la gestión operativa de la empresa de manera cotidiana, permanente, programada y sobre todo, consciente y creativa. Por ejemplo: frente al problema de la exclusión laboral de más de la mitad de la fuerza de trabajo venezolana, más de 6.5 millones de trabajadores desempleados o subempleados en el sector informal de la economía, ¿qué hacen las empresas o qué pueden hacer?

Las empresas y sus organizaciones de base, cámaras y federaciones empresariales, deberían emprender un programa masivo de capacitación laboral, convirtiendo sus empresas en centros de formación para el trabajo, en los cuales se capaciten a personas de la comunidad y se mejoren sus habilidades en oficios y actividades productivas que les faciliten su reinserción en el mercado de trabajo formal. Por iniciativa propia, como parte de los programas de responsabilidad social. Esa inversión en el capital humano, en la gente, es otra manera de enfrentar el problema de la criminalidad, mediante la formación para el trabajo y la preparación para desempeñar un empleo productivo.

Responsabilidad individual
Por parte de los trabajadores y ciudadanos, está bien que sepamos defender nuestros derechos y que reclamemos cuando se irrespetan los mismos. Claro que debemos exigir responsabilidad social a las empresas y a los empresarios y el respeto de nuestros derechos al gobierno y a las instituciones del Estado, pero y nosotros: ¿por qué no aprendemos a exigirnos responsabilidad individual y social nosotros mismos? ¿Somos responsables como individuos, personas y ciudadanos? ¿Cumplimos con nuestras obligaciones individuales y sociales? ¿Somos padres y madres responsables? Porque, para exigirle responsabilidad social a las empresas y responsabilidad institucional al gobierno, si somos coherentes con lo que reclamamos y lo que hacemos y somos, debemos comenzar por ser responsables nosotros mismos.

Para empezar, debemos ser responsables como padres. Y creo que en esta materia, no todos asumimos nuestro rol y nuestra obligación con la responsabilidad que ese compromiso exige. Y por eso vemos en la televisión a ciudadanas que increpan al presidente Chávez, exigiéndole que les dé una casa a la que, según ellas, tienen derecho y el presidente Chávez, la obligación de dárselas, argumentando algunas de las mujeres que reclaman, que tienen cuatro hijos, están embarazadas del quinto y tienen 25 años.

¿Eso es ser responsables? Ese cuadro personal y familiar nos autoriza a exigir una casa para “mis hijos”. ¿Y la responsabilidad individual y de la pareja al momento de concebir los hijos, dónde queda? ¿Cómo es que se procrean los hijos y después le exijo al Presidente que me dé una casa, porque este es un país rico y “yo tengo derecho a una casa”? ¿No pensamos, acaso, en el momento de la unión y el disfrute sexual, que los hijos son una responsabilidad para toda la vida y que estamos obligados a criarlos, alimentarlos, cobijarlos y educarlos, sobre la base de nuestro esfuerzo, en primer lugar, o sea, de nuestra responsabilidad, y no buscando a otros que la asuman por nosotros? Y si no estamos en capacidad de mantener nuestros hijos, ¿por qué no somos responsables sexualmente y los traemos al mundo cuando estemos en capacidad de garantizar su crianza y formación? Porque actuamos de manera irresponsable, sencillamente.

Creo que ha llegado, aunque tardíamente, la hora de llamar a las cosas y a las personas por su nombre. Y a las personas que son irresponsables, no podemos seguir justificándolas con argumentos misericordiosos como este que escuchamos con demasiada frecuencia: “…lo que pasa es que son pobres, y no saben lo que hacen”; ya que al final lo que estamos haciendo es más dañino: invocar la pobreza para justificar comportamientos irresponsables.

Por ejemplo, cuando unos vecinos deciden celebrar el cumpleaños de uno de sus familiares poniendo el equipo de sonido de última generación a todo volumen (que dicho sea de paso, sí saben operar perfectamente), violentando el derecho de los demás a descansar o a realizar lo que a bien tengan en sus casas. ¿Es necesaria la presencia de un agente de la policía para que esos vecinos entiendan que están afectando a los demás? ¿No saben que están molestando a los demás? ¿Se trata en este caso de un problema de ignorancia o de una conducta irresponsable? Es claramente un abuso y una irresponsabilidad de los vecinos que actúan de esa manera y punto.

Como diría un profesor del Doctorado en Economía de la Universidad Central de Venezuela, recientemente, si algo nos hace daño a los venezolanos es esa actitud autocomplaciente que todo lo justifica, lo magnifica o lo glorifica, sin exigirnos a cambio ningún esfuerzo ni compromiso individual y menos social y, por ello, al no calificar los comportamientos que tenemos como lo que son, tampoco avanzamos en la solución de los muchos problemas que tenemos y que son producto de nuestras conductas irresponsables. Esa actitud laxa e indulgente que asumimos con nuestras fallas, faltas y transgresiones nos hace cómplices de la irresponsabilidad individual y social y en cierto modo nos inhabilita para exigirle a los demás la responsabilidad que nosotros no practicamos.

Asumir nuestra responsabilidad como individuos, como ciudadanos y sobre todo como padres, es el primer paso que deberíamos dar para poder construir un país que progrese y en el cual se pueda vivir literalmente -sin que a uno lo maten en cualquier momento, en cualquier parte y por cualquier cosa- y convivir socialmente. Pongamos al menos de moda la responsabilidad individual.

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http://www.ecosocial21.com/de-la-responsabilidad-social-a-la-responsabilidad-individual.html#more-473

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